“¿Cómo pueden protegerse las empresas en entornos corruptos?”, se preguntó ayer el profesor Antonio Argandoña en la sesión del Programa de Continuidad que llevaba el mismo título, coorganizada por el Comité Español de la Cámara de Comercio Internacional y la Cátedra “la Caixa” de Responsabilidad Social de la Empresa del IESE. Ante la corrupción tenemos básicamente tres posibilidades: no hacer nada, reaccionar, o anticiparse. Y para esta última opción, sin duda la más recomendable, el profesor Argandoña propuso un posible plan de acción.
En primer lugar, la empresa debe expresar una voluntad clara y un compromiso para combatir la corrupción, efectuando una declaración pública de sus intenciones, y especificando quién llevaría las riendas en caso de crisis.
También ha de llevarse a cabo un proceso de reflexión interna que implique a todos en la empresa, y que busque la participación externa: clientes, proveedores, etc.
Por último, la protección de los entornos corruptos pasa por un programa de integridad que analice los riesgos, y diseñe políticas de comunicación de la empresa al respecto.
Pero todo ello no es gratis, y hay que poner medios, principalmente en el área de recursos humanos, e invertir en formación, tanto de directivos como de empleados. Porque, concluyó el profesor, “siempre es bueno prepararse para lo peor, y luego ya podremos relajarnos un poquito”.
También intervino en la sesión el secretario de la Cámara de Comercio Internacional en España, Jordi Sellarés, quien presentó la organización que, aseguró, “nació para defender un comercio justo y una competencia leal” y hoy en día actúa como lobby empresarial mundial.