En ¿Los contenidos de los medios de comunicación¿, el profesor de la Universidad de Navarra Alfonso Sánchez-Tabernero expone que es posible incrementar la calidad de la oferta sin que la decisión estratégica se oponga a la lógica del mercado y al interés de las compañías. El estudio se presentó esta semana en el Hotel Hesperia de Madrid en un acto al que también acudieron el profesor del IESE Juan Manuel de Toro (junto al autor, director académico del CIEC - Centro Internacional de las Empresas de Comunicación), el profesor Julián Villanueva, y el director gerente del CIEC Ignacio Bel.
El análisis de más de treinta casos de compañías propietarias de medios impresos, audiovisuales e interactivos pone de manifiesto que el incremento de la competencia exige una mayor apuesta por la calidad, que constituye la principal barrera para proteger el propio territorio y evitar la entrada de nuevos competidores.
Sánchez-Tabernero considera que la calidad de los contenidos debe responder a tres perspectivas: subjetiva, que implica la adecuación a las demandas del público; objetiva, que requiere cumplir unos estándares profesionales referidos a cuestiones éticas, técnicas y estéticas; y de personalidad, que permite construir marcas coherentes y diferenciadas, reconocibles en el mercado, y vinculadas a valores atractivos para el público.
El estudio de diversas compañías y mercados de la comunicación revela que, en último término, la calidad de los contenidos depende de varios factores: la capacidad de los directivos de las empresas para proteger el futuro de sus organizaciones, lo que implica que renuncian a obtener los máximos beneficios a corto plazo; el acierto de los reguladores para favorecer un elevado nivel de competencia y proteger los derechos de las minorías; la existencia de medios públicos que cumplan la función que legitima su financiación a través de impuestos; el talento de los periodistas, guionistas y productores para hacer atractivos los contenidos que son relevantes y dignifican a las personas; y el gusto del público para distinguir lo profundo de lo frívolo, lo equilibrado de lo sectario y lo sublime de lo vulgar.
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