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La
carrera de la competitividad
Desde 1979, el Foro Económico Mundial (FEM) publica anualmente su prestigioso Informe de Competitividad Global, un exhaustivo análisis comparativo de las fortalezas y debilidades de economías de todo el mundo. Además de medir la evolución de la competitividad, el informe sirve para identificar las claves del desarrollo económico y de un entorno de negocios propicio.
Los primeros de la clase
En la edición 2004-2005, que cubre 104 países desarrollados y emergentes, Finlandia vuelve a encabezar por tercer año consecutivo el Índice de Crecimiento. ¿Por qué Finlandia continúa siendo la economía más competitiva del mundo? La
eficaz gestión macroeconómica y la sobresaliente calidad de sus instituciones públicas son dos razones de peso. El país nórdico registra un nivel bajísimo de corrupción y despunta en aspectos como el respeto a los contratos y la ley. Por otra
parte, el entorno microeconómico está tan desarrollado que la posición de Finlandia en el Índice de Competitividad Empresarial (sólo superada por Estados Unidos) es más alta de lo que le correspondería por su PIB per cápita. El responsable
es el sector privado, que se muestra muy proclive a la adopción de nuevas tecnologías y asume un papel protagonista en el fomento de la cultura de la innovación.
Estados Unidos ocupa la segunda posición, al igual que el año pasado. Se sitúa en la vanguardia de la tecnología gracias a la penetración de Internet, la fructífera creatividad de la comunidad científica y la firme apuesta de las empresas por la
I+D. Sin embargo, su supremacía tecnológica se ve parcialmente contrarrestada por unos resultados más débiles en la calidad de sus instituciones públicas y en la estabilidad del entorno macroeconómico. De todas formas, Estados Unidos lidera el Índice de Competitividad Empresarial, apoyado en la disponibilidad de capital riesgo, la intensa competitividad de las empresas locales y la excelente calidad y cantidad de proveedores.
Junto a Finlandia, los demás países escandinavos se sitúan entre las diez economías más competitivas en 2004, con Suecia en la tercera posición, Dinamarca en la quinta, Noruega en la sexta e Islandia en la décima. Noruega ha sido el país de este grupo que más ha mejorado, pasando de la novena a la sexta posición, debido a los avances de sus instituciones públicas, sobre todo en el área del respeto a los contratos y la ley.
Japón ha cruzado la barrera de los diez primeros, escalando del uesto 21 que obtuvo en 2001 al noveno. Su posición refleja una combinación de factores, entre ellos una fuerte recuperación económica en curso, que ha relanzado la confianza empresarial, y mejoras notables de los indicadores que miden la transparencia de las instituciones públicas. También han influido el aumento de la sofisticación de los mercados financieros y la mejora de la calidad de los servicios administrativos.
Logros y reveses
Los grandes de la economía europea, Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, arrojan resultados dispares. Mientras que Reino Unido ha experimentado una importante mejora de su posición relativa (ha adelantado cuatro puestos, hasta situarse en undécimo lugar), Francia y Alemania exhiben un fuerte desequilibrio
entre sus respectivos índices de crecimiento (Alemania, 13ª; Francia, 27ª) y de competitividad empresarial (Alemania es 3ª y Francia 12ª). A nivel empresarial, Alemania es líder en sofisticación de las operaciones y estrategias, y su nivel tecnológico es alto, por lo que sin duda el empeoramiento de la
estabilidad macroeconómica (déficit público, tasa de ahorro, expectativas de recesión, acceso a crédito, tipo de cambio efectivo) le ha pasado factura. El caso de Francia es parecido, sólo que agravado por su insuficiente impulso tecnológico.
Por su parte, Italia parece incapaz de echar freno a su declive (ha caído del puesto 26 en 2001 al 47). El país transalpino mantiene el puesto más bajo de la UE-15 y una posición inferior a la de algunos de los Estados recién incorporados. El
deterioro es patente en todas las áreas, especialmente en la calidad de las instituciones públicas (merma de la independencia judicial, favoritismo en la toma de decisiones en el sector público y coste económico de la delincuencia). En contraste,
Estonia registra un resultado estelar (20), y se ha revelado, por un amplio margen, como la economía más competitiva de los diez Estados que se adhirieron a la UE en mayo de 2004.
Pese a su actual protagonismo en la economía mundial, China (46) no ha experimentado grandes cambios respecto al año anterior (44) y continúa manteniendo unos resultados mixtos. El entorno macroeconómico estable, que refleja la fortaleza de la actividad económica y la ausencia de desequilibrios, se ve lastrado por debilidades institucionales en áreas como la solidez del sector bancario, los controles administrativos y la burocracia, así como por los pobres estándares contables y de auditoría.
En el resto de Asia, Taiwan (4) y Singapur (7) siguen liderando la región de forma complementaria. Taiwan presenta un ranking inusualmente alto en el área de tecnología (2) –sólo por detrás de Estados Unidos–, mientras que Singapur ocupa la primera posición en calidad del entorno macroeconómico, puesto que mantiene desde hace varios años.
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Finlandia sigue siendo la economía más competitiva gracias a su gestión macroeconómica, la calidad de sus instituciones públicas y el grado de desarrollo de su entorno empresarial.
En Estados Unidos, las empresas se benefician de una intensa competencia, la tecnología más vanguardista y un mayor acceso al capital riesgo.
Europa, en general, obtiene buenos resultados, sobre todo los países escandinavos. En la UE, Francia y Alemania se ven astrados por deficiencias macroeconómicas.
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