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La base de la pirámide socioeconómica mundial está compuesta por más de 4.000 millones de personas que han de subsistir con menos de cuatro dólares al día. Tradicionalmente, falsas asunciones como que esta población no puede ser un mercado por la extrema pobreza en la que vive o que debe ser atendida por ONG, organismos internacionales y gobiernos la han apartado del punto de mira de las empresas. Sin embargo, algunas compañías ya han entendido que los mercados de rentas bajas constituyen una extraordinaria oportunidad de negocio. Son el segmento de población más importante y el de mayor crecimiento del mundo, y presentan multitud de necesidades insatisfechas.
Las experiencias empresariales que presentamos en este número demuestran que es posible entrar en la base de la pirámide y hacerlo con éxito. Todo depende de cómo se afronten los innegables retos que plantea. Se trata de un mercado muy diferente al occidental y, por tanto, exige un esfuerzo de comprensión y adaptación a una realidad no por compleja inaccesible. Ello implica conocer las necesidades reales de esta población y satisfacerlas con productos, estrategias y modelos de negocio que suelen diferir de los establecidos en las economías avanzadas.
Lejos de ser una dificultad insalvable, estos retos suponen un acicate para la innovación tecnológica y estratégica, muchas veces compatible con una garantía de rentabilidad. Al tener que estrechar vínculos con la base de la pirámide para desarrollar sus productos y servicios, las empresas pueden lograr su viabilidad comercial mientras crean un importante valor social.
Las empresas han generado valor para la sociedad y para ellas mismas en los países desarrollados. La entrada en la base de la pirámide ofrece la posibilidad de volver a hacerlo en el marco de un modelo de desarrollo sostenible. Así, además de contribuir a la mejora de las condiciones de vida de dos terceras partes de la población mundial, las empresas pueden impulsar un crecimiento más sostenible.
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