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IESE Business School - Centro de Globalización y Estrategia English

Año 3 / No. 9 / Septiembre - Diciembre 2007

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Aprendiendo a apreciar la diversidad
Del patrón oro a la tarjeta oro
Cómo elegir su estrategia global
La Tierra no es plana
El centro informa
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La presunción del 10%
La Tierra no es plana
Por Pankaj Ghemawat
Profesor de Dirección General y titular de la Cátedra Anselmo Rubiralta de Globalización y Estrategia del IESE

¿Por qué no es plana la Tierra?

La Tierra no es plana porque la mayoría de las actividades económicas que podrían realizarse dentro o entre las fronteras nacionales siguen en realidad bastante concentradas nacionalmente. Pensemos en algunos ejemplos (con los que quizá desee probar su capacidad de intuición antes de consultar las respuestas).

Como muestra el siguiente Cuadro, los niveles de internacionalización relacionados con las llamadas telefónicas, la migración transfronteriza, las inversiones directas, las inversiones en capital y el comercio como parte del producto interior bruto (PIB), siguen mucho más cerca del 10% que de los niveles cercanos al 100% que predecían muchos gurús de la globalización. La excepción más significativa en términos absolutos es el porcentaje de comercio respecto al PIB (se muestra en la parte inferior del Cuadro), que retrocede hasta el 20% tras ajustar el doble cálculo. Así que si alguien me pidiese que tratase de adivinar el nivel de internacionalización de alguna actividad sobre la que careciese de información, supondría que estaría mucho más cerca del 10% (la media también de diez ategorías de datos del Cuadro) que del 100%. A esto lo denomino "la presunción del 10%".

¿No tiene la globalización un efecto nivelador?

Algunas medidas de internacionalización, por ejemplo la inmigración, parecen haber alcanzado su punto más culminante antes de la primera guerra mundial. En otros casos, por ejemplo las inversiones directas, sin duda están marcando nuevos récords, pero esto sólo ha sucedido hace relativamente poco tiempo. Finalmente, aunque sí existen medidas en las que los niveles de integración anteriores a la primera guerra mundial fueron superados con relativa rapidez en el período posterior a la segunda guerra mundial, como por ejemplo el comercio, hay que señalar que el porcentaje de comercio respecto al PIB ha pasado del 20% en 1979 al 27% en 2004. Esto significaría, si extrapolamos estos datos a los próximos 25 años, un porcentaje inferior al 35% en 2030 (o quizá más cercano al 30%, si eliminamos el efecto del doble cálculo). Datos sin precedentes, de acuerdo, pero ni mucho menos apocalípticos. Ésta es la razón por la cual los economistas internacionales siguen tratando de explicar las insuficiencias de una integración completa, en lugar del rápido progreso hacia ese punto extremo.

¿Existe una fórmula mágica para resolver el dilema entre lo local y lo global?

Mi redefinición de la estrategia global como una cuestión de diferencias supone en realidad un intento de superar las limitaciones retóricas y conceptuales de las perspectivas locales y globales sobre la estrategia global. desde un punto de vista retórico, el lema "piensa globalmente, actúa localmente", y otros, pretenden acercar a las compañías a un sensato punto intermedio, pero su vaguedad ha dado pie al abuso en forma del fomento de programas extremistas. Por ejemplo, Roberto Goizueta, el difunto presidente de Coca-Cola, empleó dicho lema como justificación de una profunda estandarización, y, en el extremo opuesto, Orit Gadiesh, presidente de Bain and Company, usa una variante para fomentar una profunda localización. Dado que el lema "piensa globalmente, actúa localmente" se aplica actualmente a toda una gama de posibilidades, desde las más estandarizadas a las más localizadas, la frase ya no quiere decir nada.

Un segundo problema, incluso más importante, de formular el reto de la estrategia global como alcanzar un equilibrio entre los extremos de la adaptación local y la estandarización global, es que estos extremos no abarcan un continuo estratégico como corresponde a dos singularidades en las que suavizar las complejidades transfronterizas y aplicar enfoques simples para cada país. Para comprender esto, hay que darse cuenta de que si los mercados estuviesen totalmente segmentados entre sí, los enfoques uninacionales a la estrategia podrían aplicarse país por país y supondrían una localización total; en el otro extremo, si los mercados estuviesen totalmente integrados, existiría el equivalente a un solo país enorme, y los enfoques uninacionales volverían a funcionar, a pesar de que la estrategia implícita sería una completa estandarización, en lugar de la localización. Estos extremos (y sus combinaciones lineales) no son, por tanto, los mejores puntos de referencia para una estrategia que se tome en serio las complejidades transfronterizas.

¿Han Aplanado la Tierra los avances en el ámbito de las telecomunicaciones?

No. Ya he mencionado anteriormente que el porcentaje de minutos al teléfono en llamadas transfronterizas no llega al 5%. Por citar otro ejemplo, los mejores cálculos disponibles indican que sólo el 20% de los bits Transmitidos a través de Internet (un medio, supuestamente, absolutamente global) realmente cruza fronteras. Es más, todo el mundo coincide en que la proporción internacional, y sobre todo intercontinental, del tráfico en Internet, está en realidad descendiendo con el tiempo.

Además, aun donde las telecomunicaciones reducen la distancia geográfica, siguen teniendo importancia otros tipos de distancia que se ciernen sobre las fronteras nacionales: cultural (lengua, costumbres, religión, etnias, etc.), administrativa/política (leyes, bloques comerciales, lazos coloniales, moneda, etc.), geográfica (distancia física, ausencia de fronteras terrestres, husos horarios, clima, etc.) y económica (nivel de renta, coste de los recursos naturales, recursos financieros, recursos humanos, infraestructuras, información, etc.). Es importante observar detenidamente estas diferencias, comprender cuáles son las más importantes en su sector, y no verlas como meras dificultades a superar, sino también como fuentes potenciales de creación de valor.


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