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Valencia: el deporte como motor de crecimiento de una ciudad

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Año 6 / No. 14 / 2010   


Valencia: el deporte como motor de crecimiento de una ciudad

Sandalio Gómez
Profesor de Dirección de Personas del IESE






A principios de los noventa, el equipo del ayuntamiento de la ciudad encontró una Valencia económicamente deprimida: su índice de producción industrial caía 13 puntos y el sector servicios, muy débil, era incapaz de tomar el relevo. El turismo, en concreto, era casi inexistente. Sólo acudían hombres de negocios, no existían hoteles de cinco estrellas y el patrimonio nacional estaba deteriorado. Su condición de ciudad costera servía de poco; se vivía, prácticamente, de espaldas al mar.

En ese punto, la alcaldesa Rita Barberá y la Comunidad Valenciana decidieron apostar por la construcción de infraestructuras que mejoraran la imagen de la ciudad: el Palacio de Congresos (de Norman Foster), el Hemisfèric (de Santiago Calatrava), y la conversión del antiguo cauce del río Turia en un gran parque público con la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. También se restauró la catedral, la Casa M. Benlliure, el Museo Nacional de Cerámica González Martí y se construyó el primer hotel de cinco estrellas: el Meliá Valencia Palace. Estas acciones multiplicaron el número de turistas, pasando de unos 373.000 en 1992 a unos 600.000 en 1998.

La conversión en capital del deporte
Esta estrategia coincide con la que se estaba llevando a cabo en otras ciudades de España, donde destacan grandes eventos como las Olimpiadas en Barcelona, la Expo en Sevilla y Madrid como capital europea. En aquel momento, Valencia se planteó como objetivo si podía conseguir que todo el mundo supiera situarla en el mapa gracias a los eventos deportivos. Así, presentaron la candidatura de la ciudad como posible sede de eventos deportivos, consiguiendo algunos como la America's Cup, la Volvo Ocena Race, el circuito urbano de F1, el Mundial Indoor de Atletismo, el Open 500 de Tenis, y el Global Champion Tour.

Para empezar, la Generalitat Valenciana, tras un cambio de gobierno, rescató una de las eternas promesas electorales: la construcción de un circuito de velocidad en el municipio valenciano de Cheste. Las obras habían empezado en 1989, pero la crisis del 92 y el hallazgo de una villa romana habían parado el proyecto. La Comunidad Autónoma financió por completo la iniciativa.

Con el nombre de Ricardo Tormo, el circuito albergó desde un principio el gran premio del Campeonato del Mundo de Motociclismo gracias a un acuerdo con la empresa internacional de organización de eventos Dorna Sports. El evento reúne cada año 120.000 espectadores y ha convertido al Ricardo Tormo en uno de los circuitos más rentables de España. Además, ha ganado en tres ocasiones el premio a la mejor organización del campeonato. Y lo más importante: tres años después de la llegada del circuito, en 2003, Valencia superó la barrera del millón de turistas al año.

Ese mismo año, Suiza ganó la competición de vela más antigua del mundo, la Copa de América, y el derecho a ser el siguiente anfitrión. Pero, al ser un país sin costa, tenía que buscar una sede. La Federación Española de Vela animó al ayuntamiento de Valencia a presentar su candidatura, ya que su Club Náutico había organizado con éxito los tres desafíos españoles de la última edición.

En la primera ronda de selección, competían 65 ciudades; básicamente, se trataba de acreditar unas buenas condiciones meteorológicas. Para hacer brillar las de Valencia, los organizadores prepararon a fondo la visita del experto de la Copa América. Éste, después de ver la tecnología del puerto y las instalaciones, dijo que “se había ganado un merecido descanso, ya que el trabajo se lo dieron hecho”.

A lo largo de todo el proceso Valencia compitió con ciudades cómo Barcelona, Palma de Mallorca, Marsella o Trapani. Algunas abandonaron por disputas internas y por no valorar qué tenían entre manos. Otras, como Palma de Mallorca, fueron incompresiblemente eliminadas pese a recibir el apoyo tácito de la Familia Real Española, que participa habitualmente en sus competiciones de vela. Sea como sea, el 26 de noviembre de 2003 se dio la gran noticia: Valencia se convertía en sede de la 32 edición de la Copa América.

La ciudad quiso explotar al máximo esta oportunidad para forjarse como destino turístico. Se construyeron nuevos hoteles de cinco estrellas y se apostó fuerte por el marketing y la comunicación. Por ejemplo, plantearon un programa de patrocinio que diese cabida a toda empresa interesada. Querían una gran implicación empresarial para que se organizasen un gran número de eventos y actividades paralelas a la propia competición.
 
Estas intenciones chocaron, en un primer momento, con las de la organización de la Copa América, que venía apostando por un programa de patrocinio muy reducido al estilo de la UEFA Champions League. Al final, ambas partes llegaron a un acuerdo y establecieron distintas clases de colaboración en función, principalmente, de su visibilidad en las retransmisiones televisivas. No era un asunto menor: a lo largo de sus cuatro años, la Copa América fue seguida por una audiencia acumulada de 4.000 millones de personas y se cubrió en más de 100.000 artículos de prensa.

El éxito de la Copa América preparó el terreno para que las calles de la ciudad acogieran el Gran Premio de Europa de F1. A pesar de que una competición urbana costaba dinero y generaba molestias al ciudadano y críticas por desaprovechar el circuito Ricardo Tormo, el presidente de la Comunidad de Valencia, Francisco Camps, decidió asumir el riesgo.

En un tiempo récord se diseñó un trazado que recorre la Marina Juan Carlos I y el PAI del Grao, el área de expansión de la ciudad hacia el puerto que conecta las avenidas con la zona marítima. El circuito se monta y se desmonta para cada Gran Premio, y de momento se ha firmado un acuerdo para siete años. La primera edición consiguió 112.000 asistentes y unas audiencias televisivas de casi 600 millones de personas.

Balance de la estrategia
¿Vale la pena tanto esfuerzo? Juzguen: un impacto económico para Valencia de 3.663 millones de euros,  6.000 si se evalúa el conjunto de España. Más de 60.000 nuevos puestos de trabajo (casi 15.000 concentrados en Valencia) y una repercusión prevista en el PIB nacional de 200 millones anuales entre 2007 y 2015.

Los beneficios no acaban ahí. En 2008, Alicante recogió el testigo y fue el puerto de salida de la Volvo Ocean Race. De nuevo, los gobiernos local y autonómico se volcaron en el evento: la ciudad dispuso más de 40.000 m2 para la competición. En el “village”, de 15.000 m2, se organizaron todo tipo de actividades para los visitantes. El impacto económico fue de 70 millones de euros y el beneficio en términos de imagen, incalculable. Antes y durante el evento se emitieron más de 300 anuncios diarios en televisiones locales, regionales y nacionales.

El diseño deportivo de la ciudad está basado en los estudios empíricos que aporta la encuesta sobre hábitos deportivos de los ciudadanos elaborada por el CIS por encargo del Consejo Superior de Deportes. Los datos obtenidos a través de la última encuesta realizada en el 2005 indican que Valencia en el momento actual está seis puntos por encima de la media nacional de participación ciudadana. Por otro lado, conviene resaltar que el 83% de quienes practican deporte dicen hacerlo sin preocuparse por competir, sólo para hacer deporte, frente al 70% de media que se da en el resto de España.

Merece destacarse también que los que no hacen deporte no utilizan como argumento la falta de instalaciones, motivo que se esgrimía desde 1980 y que en esta encuesta deja de estar presente. Los datos demuestran que más de la mitad de las personas que hacen deporte, el 51%, utiliza instalaciones deportivas municipales y el 43% hace deporte especialmente en el lecho del antiguo cauce del Turia, en los parques y en la playa.

Continuidad y futuro
La ciudad continúa actualmente con su estrategia basada en eventos deportivos. En 2009, se reforzó el torneo de tenis local, que ha subido de categoría en el torneo ATP (Open 500). Se celebra en el Àgora de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, un espacio que también acoge una prueba del Global Champion Tour, el circuito hípico más prestigioso del mundo.

El objetivo es reforzar de nuevo la imagen de la ciudad y su economía. Actualmente, el sector turístico ya representa el 13% del PIB regional, con más de 300.000 empleos directos. Valencia es la ciudad europea que más ha crecido en este ámbito entre 1990 y 2004, situándose entre las 40 más importantes del continente. Tal como dice el vicepresidente de la Generalitat, Vicente Rambla, “la Comunidad Valenciana está de moda en el mundo, y éste es un tren del que no nos queremos bajar”.

En nuestra opinión, las claves de la estrategia de desarrollo de Valencia, basada en la atracción de recursos a partir de grandes eventos deportivos, pueden ser resumidas en las siguientes:

 Una línea de acción continuada. Se ha pasado de impulsar acciones concretas para conseguir algún evento deportivo que atraiga la mirada de la gente, a una estrategia que incorpora una línea de acción continuada. En Valencia podría haberse puesto en marcha sólo el circuito de Cheste o sólo la America’s Cup, pero estas actuaciones lejos de ser acciones aisladas respondían a una estrategia de desarrollo basada en los grandes eventos deportivos. Unos años antes, otras ciudades españolas habían celebrado grandes eventos, pero no desarrollaron una línea de acción continuada. Su desarrollo basado en grandes eventos deportivos no fue real, justamente, por la falta de continuidad en ese sentido.

 Unir cultura y deporte. Valencia no sólo ha basado su evolución en los grandes eventos deportivos, sino que además, para sacar mayor partido, ha diseñado una política que une deporte y cultura para consolidar todas las actuaciones puestas en marcha.

• Financiación mixta. El modelo de financiación económica se basa en la aportación de recursos tanto por parte de las administraciones públicas como a través de patrocinios, lo que ha logrado atraer a un importante número de empresas a la ciudad.

• Participación ciudadana. La construcción de infraestructuras deportivas ha conseguido acercar el deporte a todos los ciudadanos ya que tienen las instalaciones al alcance de la mano. Los ciudadanos además de practicar deporte y participar en los eventos deportivos, se han contagiado de los valores que esta actividad impulsa y promueve.

• Apoyo y ejemplo de las autoridades. La manera de actuar, dirigir y alentar de los gobernantes valencianos ha sido determinante. Sin el apoyo, el seguimiento exhaustivo de las actuaciones y el empuje personal, una estrategia de estas características no habría sido posible.



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