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Participaciones preferentes: luces y sombras del producto financiero “de moda”
 | Por Juan Palacios, Profesor del IESE En el último año hemos asistido a numerosas emisiones de participaciones preferentes por parte de distintos bancos y cajas de ahorro. El sistema bancario necesita capital y éste mecanismo parece ser una buena manera de conseguirlo. A través de estas emisiones, la banca ha fortalecido sus recursos propios de una forma barata y estable. |
Aunque existen otros mecanismos para obtener financiación como las ampliaciones de capital - con la pertinente colocación de sus acciones ordinarias a inversores institucionales -, la emisión de preferentes asegura a las entidades una colocación más estable. El pequeño inversor tiene más permanencia al comprar un título frente al inversor institucional que, dependiendo de cómo evolucionen los mercados está siempre presto a vender, con lo que se pierde estabilidad. Además, este mecanismo permite a la banca controlar muy bien la venta de los activos a través de sus redes de colocación, por lo que les sale mucho más barato. Hacer una gran emisión supone pagar comisiones a un banco de inversión, asegurar la emisión etc. Mediante las participaciones preferentes pueden conseguir unos valores que no son deuda de forma económica. Las ventajas que proporciona a las entidades bancarias emitir este producto están claras, pero ¿qué pasa con el pequeño inversor? ¿Son atractivas las participaciones preferentes para él? Con cada emisión a la que hemos asistido ha llegado una nueva advertencia de la CNMV al respecto. La polémica de la que se han visto acompañadas ha hecho necesario dotar al pequeño inversor de información clara y concisa. En este sentido, la CNMV ha elaborado un folleto en el que explica la naturaleza de estos activos y en el que define a las participaciones preferentes como “valores emitidos por una sociedad que no confieren participación en su capital ni derecho de voto. Tienen carácter perpetuo y su rentabilidad no está garantizada”. Desde aquí vamos a desentrañar qué aspectos relevantes se esconden detrás de esta definición y cuáles son las claves que ha de tener en cuenta el pequeño inversor antes de gastar parte de sus ahorros en este producto.
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No son un producto simple
Las participaciones preferentes no son un producto simple, sino un instrumento complejo, un título híbrido a medio camino entre una acción ordinaria y una obligación. Se asemejan a la obligación en que, en un primer período, tienen estipulado un pago, pero este pago no es interés sino un dividendo sobre beneficios, como en la acción ordinaria, lo que hace que el riesgo que asume el inversor sea bastante mayor que el de un acreedor. Se denominan “preferentes” porque en el orden de cobro - en caso de que la entidad tenga que pagar una rentabilidad - están inmediatamente después de todos los acreedores, pero por delante de las acciones ordinarias, que no cobrarán ningún dividendo hasta que las participaciones preferentes hayan cobrado.
Su rentabilidad a debate
La remuneración de las participaciones preferentes está estipulada para un primer período, tras él, los bancos y cajas suelen vincular esta rentabilidad a la evolución del Euribor. Conviene aclarar tres puntos fundamentales relacionados con la remuneración: 1) Hay recordar que la remuneración de las participadas está condicionada a la obtención de beneficios distribuibles. Es decir, si el emisor no obtiene beneficios, el inversor no cobrará la remuneración pactada en ese período y perderá el derecho a recibirla, dado que no es acumulable. 2) Este punto alude a la rentabilidad estipulada para el primer período. Las remuneraciones con las que se están colocando las participaciones preferentes son bajas, han sido del orden de la mitad o un poco más de la rentabilidad que están dando en dividendo las acciones ordinarias de las mismas entidades. Además, la CNMV ha advertido sobre ciertas emisiones que no se están realizando en condiciones de rentabilidad de mercado. 3) En el momento en el que la rentabilidad se condiciona a la evolución del Euribor, ésta queda sujeta a fluctuaciones tanto al alza como a la baja, pudiendo generar rentabilidad pero también pérdidas en el capital invertido.
Inversión perpetua
La falta de liquidez es uno de los problemas fundamentales de este tipo de inversión. Las acciones ordinarias son valores muy líquidos, se pueden comprar y vender sin ningún problema, el depósito tiene un vencimiento estipulado, pero aquí tenemos un producto que es perpetuo y que resulta sumamente complicado hacer líquido, lo que se acaba traduciendo en pérdidas materializadas para los inversores que deciden vender anticipadamente. En estos casos el inversor tiene que acudir a un mercado no cotizado en el que no siempre es fácil colocar las participaciones preferentes. La falta de compradores y las condiciones actuales del mercado pueden hacer que el precio del producto fijado sea inferior al valor que el inversor pagó al adquirirlo. Si esto se produce, éste perdería parte de su inversión inicial. Además, algunas entidades ya están recomprando estos títulos a sus pequeños inversores por la mitad de su valor original, lo que supone una pérdida del 50% para ellos. No obstante, debemos señalar que tal y como afirma la CNMV “con independencia de su carácter perpetuo, el emisor suele reservarse el derecho a amortizarlas a partir de los cinco años, previa autorización del Banco de España”.
Riesgo Elevado
La CNMV califica las participaciones preferentes como “un instrumento complejo y de riesgo elevado”. Efectivamente, este tipo de inversión presenta un riesgo mayor que el de un depósito, asemejándose en este sentido a la acción ordinaria. Las participaciones preferentes no están cubiertas por el Fondo de Garantía de Depósitos y, aunque sean “preferentes”, ya hemos aclarado que no tienen las condiciones privilegiadas de los acreedores. En caso de liquidación o insolvencia de la entidad, quedan por detrás de éstos y justo antes de los accionistas. Además, en tales circunstancias la entidad podría liquidar la emisión por un valor inferior al nominal provocando pérdidas para los poseedores de los títulos. Así las cosas, está claro que las participaciones preferentes no son un producto adecuado para inversores conservadores, adversos al riesgo y que buscan una rentabilidad asegurada.
Para ellos, el mejor consejo es que contraten productos simples, que puedan entender, con tipos de interés fijos y bajo riesgo. La Letras del Tesoro pueden ser una buena alternativa y las pueden adquirir tanto a través del banco, como por Internet a través del Tesoro Público a precios de mercado y sin comisiones.
También pueden resultarles interesantes otros productos como los depósitos y fondos monetarios, teniendo en cuenta en estos casos que el valor de las comisiones no acabe con la rentabilidad. Si usted prefiere asumir riesgos más elevados en su inversión las acciones ordinarias son una buena alternativa. Los primeros valores de la Bolsa española suelen ser valores de empresas excelentes, bancos incluidos, y están pagando unos dividendos muy altos. El momento actual es muy bueno para comprar acciones ordinarias y para entrar en bolsa si usted es un inversor a largo plazo. En definitiva, cada inversor dependiendo de su perfil debe modular y estar más invertido en activos de mayor o menor riesgo, pero en caso de que decida entrar en garantizados, estructurados y productos similares, mi consejo es que se informe bien y tenga en cuenta que en ocasiones, estos productos resultan confusos hasta para los expertos.
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