 | Por Pedro Saffi, Profesor del IESE La venta al descubierto es la venta a plazo de valores que no se poseen para comprarlos más tarde a un precio inferior y saldar la venta con los beneficios obtenidos. En condiciones normales de mercado, la venta al descubierto está destinada a aumentar la eficiencia de los precios e inyectar liquidez a los mercados. Pero numerosos analistas consideran esta práctica como una de las muchas causas de los cracks de mercado en los últimos 100 años, desde el crack del 29 a la actual crisis que comenzó en 2008. Por ello, muchas de las regulaciones que todavía hoy en día se aplican tienen su origen en la normativa 1934 de la SEC en Estados Unidos. |
Se trata de una práctica que las autoridades ven con ojos reticentes. De hecho, la Comisión de Valores y Cambio (SEC) en Estados Unidos, la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido (FSA) y la CNMV en España han puesto fin a la venta al descubierto en empresas financieras, con el objetivo de proteger la integridad y la calidad de los mercados de valores, así como reforzar la confianza de los inversores.
Sin embargo, las restricciones a la venta al descubierto no tienen ningún efecto sobre la frecuencia de la caída de los precios de las acciones. Tampoco es cierta la creencia de que la eliminación de las restricciones implica que los inversores se están preparando para una quiebra del mercado. En cambio, las limitaciones de este tipo de prácticas están relacionadas con una menor eficiencia de los precios y una limitación de la información, haciendo que los precios caigan significativamente sólo cuando las noticias son ampliamente conocidas en todo el mercado. Por lo tanto, la restricción de estas prácticas puede ser perjudicial para el mercado, ya que dificulta la actuación de unos agentes que podrían haber tenido información útil sobre los precios.