Pan para todos: Tradición a precios competitivos

José Rivera (MBA ‘98), fundador de "Un kilo de pan"

28/08/2013

José Rivera

José Rivera (MBA ‘98) decidió aprovechar una de las oportunidades que –dicen– brindan las crisis y en septiembre del 2010, abrió la primera tienda del negocio que se aventuró a emprender: “Un kilo de pan”. Poco más de dos años después, su empresa cuenta con 25 tiendas operativas propias y 12 más franquiciadas, emplea a 46 personas y facturó 1,35 millones de euros el año pasado. “Es cierto que surgen oportunidades en las crisis, y también como consecuencia de ellas. Este ha sido el caso de ‘Un kilo de pan’, que nació con el fin de hacer posible el consumo de un producto básico, el pan, con unas condiciones de precio muy competitivas y con una calidad y un servicio superior a los que ofrecen los supermercados y las grandes superficies”, explica Rivera.

Buscar un nicho de mercado

Antes de aventurarse con “Un kilo de pan”, Rivera había estado observando la situación en la que se encontraba el comercio minorista de este producto básico en las grandes superficies, y llegó a la conclusión de que un negocio tradicional, e incluso sofisticado, basado en el pan, se hallaba en gran desventaja, ya que los hipermercados y supermercados ofrecían un gran volumen de producto y a un precio mucho menor. Y a partir de aquí, Rivera vio claro el nicho en el que podía emprender. “Hacemos pan de calidad, crujiente y calentito, en un punto de venta tradicional y a un precio low cost”, asegura su fundador.

Actualmente, la compañía está posicionada en el segmento del comercio tradicional de pan, bollería y bocadillos y “gracias a la simplificación de la oferta, la alta calidad de un producto recién hecho, los precios competitivos y un servicio de atención al cliente cuidado y muy próximo, proporciona un gran valor añadido con respecto a las grandes superficies”. Las tiendas de “Un kilo de pan” han tenido mucho éxito en zonas próximas a las grandes capitales, donde la crisis ha provocado una importante disminución en el nivel de consumo de los ciudadanos.

Rivera abrió su primera tienda en Zaragoza, donde en la actualidad suman ya 20. Poco después, la expansió se orientó hacia Madrid –Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, Parla y Leganés– y Barcelona –Esplugues de Llobregat, Sant Boi de Llobregat, Badalona y Cornellà de Llobregat–. Este año tienen previsto abrir alrededor de 35 tiendas propias y 10 más en franquicia “pendientes de la última ampliación de capital”, para cumplir el plan de desarrollo y facturar cerca de 3 millones de euros a finales de año.

Rivera trabajó durante años en una empresa familiar en la que su padre era uno de los accionistas, pero también surcó otros mares. Conoció el fracaso, “que en España se percibe como un lastre para toda la vida, pero que se supera si el emprendedor confía plenamente en el modelo de negocio que quiere desarrollar”, explica.

Un punto de inflexión

Como alumni de MBA, era conocedor de la gestora de sociedades de capital riesgo FINAVES. “Presenté el proyecto y gustó, y decidieron participar también en él la sociedad de inversión del Gobierno de Aragón –SODIAR, Sociedad para el Desarrollo Industrial de Aragón– y dos socios privados”.

El IESE intenta formar a empresarios con un alto grado de confianza en las capacidades de uno mismo,y esto fue importantísimo para mí”. Asegura que “te inculcan algo que hace mucha falta en este país: la mentalidad emprendedora”. Otra de las cosas que a menudo recuerda de su paso por la escuela son el contacto con otros emprendedores y los grandes amigos que conserva de aquella época. “El IESE fue realmente un punto de inflexión en mi carrera profesional”, concluye Rivera.