La polis del siglo XXI

Think tank "Cities in motion: estrategia urbana" en el IESE

31/01/2013

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Desde las primeras ciudades-estado – creadas en Grecia, Mesopotamia y Centroamérica –, hasta las megalópolis actuales, que crecen sin aparente control en los países emergentes, las ciudades han sido ante todo espacios de convivencia. Hoy en día, estos conjuntos de habitantes se enfrentan a nuevos retos, marcados principalmente por factores demográficos y medioambientales. Según la ONU, en los próximos 40 años la población urbana crecerá un 75% y las ciudades – que ocupan apenas el 2% del planeta – ya representan entre el 60% y el 80% del consumo de energía, y el 75% de las emisiones de CO2. Ante unas tendencias de tal magnitud, la respuesta humana pasa por convertir a las ciudades en entornos basados en planes estratégicos de convivencia y desarrollo, algo que ha empezado a denominarse smart cities.

¿Qué es una ciudad inteligente?

En este contexto, el IESE celebró ayer en el campus de Barcelona la primera reunión de la plataforma de investigación "IESE Cities in Motion Strategies", creada recientemente en el marco del Centro de Globalización y Estrategia con el fin de conectar a una red mundial de expertos y empresas privadas con administraciones locales alrededor del mundo, para desarrollar herramientas innovadoras que ayuden a generar ciudades más sostenibles en relación al ecosistema, a las actividades, a la igualdad entre ciudadanos y a la conexión del territorio.

Uno de los actos más esperados de este primer encuentro fue el think tank "Cities in motion: estrategia urbana", que tras dos presentaciones, dio paso a un intenso debate sobre sobre el concepto de smart city, el modelo a seguir y los factores a tener en cuenta. La primera de las presentaciones, a cargo del profesor del IESE Joan Enric Ricart, expuso los resultados del primer artículo publicado por el IESE en este ámbito de conocimiento. El texto, que aparece en el número 14 de la revista IESE Insight, explica un modelo de desarrollo urbano que aporta una visión global y a largo plazo sobre las claves y los procesos que permiten transformar una ciudad en "inteligente". Según este modelo, hay cinco activos fundamentales: el capital económico, el humano, el social, el medioambiental y el institucional.

Íñigo de la Serna, alcalde de Santander, presidente de la Red Española de Ciudades Inteligentes e invitado especial del acto, tomó la palabra en la segunda exposición, en la que repasó las iniciativas innovadoras aplicadas recientemente en su ciudad con el objetivo de convertirla en una de las smart cities de referencia en España. Una de las novedades que explicó De la Serna es la plataforma online "El pulso de la ciudad", en la que los ciudadanos pueden publicar quejas y comentarios sobre incidencias en las calles de Santander y facilitar así su rápida resolución. En el futuro, el objetivo es que esta red se convierta en el "auténtico cerebro de la ciudad, en la que todo esté conectado y recoja todos los datos sobre tráfico, contaminación o consumo energético", puntualizó el alcalde.

Pero más allá de ejemplos tecnológicos o innovadores, De la Serna señaló la importancia de seguir un plan estratégico muy bien definido que parta de una situación inicial y ayude a la ciudad a llegar al objetivo que se ha marcado. "No sirve de nada que una empresa nos ofrezca la tecnología de sensores más avanzada y que el ayuntamiento la compre sin saber qué va a hacer con ella. Eso no te convierte en una ciudad inteligente, solo genera desconfianza y frustración entre los ciudadanos".

El debate: políticas a largo plazo

En la parte final del think tank surgieron multitud de reflexiones y opiniones de los asistentes – procedentes de sectores como el energético, el tecnológico o la automoción – sobre el movimiento de las smart cities, que aportaron verdadero sentido al acto, ya que ayudaron a poner sobre la mesa necesidades y visiones de muchos de los agentes implicados en esta transformación que afrontarán las ciudades en los próximos años.

Entre las preocupaciones mencionadas, se habló de la necesidad de conservar el carácter genuino de cada ciudad, de considerar los cambios urbanísticos que puede conllevar la aplicación de ciertas tecnologías o infraestructuras, de evitar un exceso de expectativas a corto plazo entre los ciudadanos, de tener en cuenta la situación social y económica del entorno en el que se actúa, y de aunar esfuerzos y llegar a acuerdos entre agentes públicos y privados para conseguir que los cambios sean estables, tengan efectos permanentes a largo plazo y no sean derogados tras el final de una legislatura y la llegada de un nuevo gobierno.