Nelson Mandela: la genialidad de un líder

Un excelente ejemplo para cualquier directivo

11/07/2013

Al cerrar filas en torno al equipo nacional de rugby para unir a una nación tremendamente dividida, Nelson Mandela ponía sello a su legado, sanando las heridas del pasado y marcando el comienzo de una nueva era democrática. Su saber hacer es ahora fuente de inspiración para líderes empresariales que desean aplicar la persuasión y la negociación para dar la vuelta a culturas corporativas que no funcionan, con divisiones internas, conservadoras y estancadas.

El cambio implica resistencia, algo que los líderes pueden superar con una estrategia inteligente y una idea clara de los objetivos, de lo que tienen en mente. El profesor del IESE Paddy Miller y John Carlin, autor de Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Made a Nation (traducido en español como El factor humano), reflexionaron sobre esta y otras cuestiones de liderazgo durante la sesión plenaria del programa Fast Forward de Executive Education “Liderazgo en innovación: una nueva competencia”, celebrada en el campus del IESE en Barcelona.

Lecciones para los líderes:

Tratar con los enemigos. Pueden ser personas o facciones dentro del mismo bando.

Aprovechar el poder de los símbolos. El nombre del equipo (Springbok), los colores de su camiseta y el himno nacional eran fuente de conflictos para algunos y un orgullo para otros. Su retirada habría distanciado a un sector crítico de sus electores: los más formados y los que disponían del capital. Mandela optó hábilmente por mantenerlos, haciéndolos suyos, dentro de su gran proyecto nacional. Fue capaz de transformar aquellos símbolos de división en instrumentos conciliadores que le ayudaron a construir una nueva nación.

Ganarse los corazones para cambiar mentalidades. Si se quiere cambiar la manera de pensar de la gente, hay que apuntar al corazón, le aseguró Mandela a Carlin. Hay que apelar a sus valores, a su orgullo, a su identidad, sin pasar por alto la vanidad. Y siempre, con todo el respeto. Esa es la forma más efectiva y duradera de superar los prejuicios más arraigados y las posturas más inmovilistas.

Formar alianzas. A veces es posible tener que recurrir a enemigos o rivales; quizá haya que ganárselos para la causa, centrándose en los intereses compartidos.

Negociar y ser inclusivos. Algunos líderes pueden pensar que la única manera de lograr cambios radicales es mediante la fuerza. Mandela renunció a esa vía y su liderazgo se vio reforzado. Se dio cuenta de que la mejor manera de lograr su visión estratégica no era imponiendo su voluntad a los demás, sino recurriendo a la persuasión, a la negociación y a la inclusión. De ese modo, uno logra ganarse el corazón y la mente.