Innovación: grande, pequeña, para jóvenes y para menos jóvenes

Entrevista a Antonio Dávila

01/06/2013

Antonio Dávila

La innovación es una condición sine qua non para mantenerse en lo más alto y es uno de los ingredientes básicos del éxito de las empresas y el progreso social. Pero la innovación no es solo ideas revolucionarias que se transforman en productos y servicios que nos cambian la vida. En realidad, puede surgir de cualquier cosa, desde una pequeña modificación de producto a procesos comerciales. Si se gestiona correctamente, teniendo en cuenta toda su versatilidad, la innovación ofrece a las empresas y a la sociedad un mar de oportunidades.

Natural de Barcelona y experto en la cultura de Silicon Valley, Antonio Dávila, profesor de Iniciativa Emprendedora y Contabilidad y Control del IESE, ayuda a directivos y empresas a sacarle el máximo partido a la innovación para fomentar el crecimiento y la rentabilidad. En esta entrevista, el profesor Dávila comenta con Impact@Work algunos de los puntos más destacados de su investigación.
 
En su libro Making Innovation Work usted subraya siete reglas de la buena gestión de la innovación.  Entre otras, ejercer un sólido liderazgo en las decisiones de inversión, fomentar una verdadera creación de valor y romper las barreras culturales de la empresa con la innovación.  ¿Varían estas reglas según el tamaño de la empresa? 

Las start-ups y las pequeñas empresas tienen una particular ventaja con respecto a las grandes empresas. Por sus dimensiones, son más rápidas, más ágiles. Tienen menos burocracia y están más cerca del mercado. Los procesos son más sencillos y se puede experimentar más y con una mayor rapidez.

En las compañías más grandes, en cambio, innovar resulta más complicado. Hay más factores a tener en cuenta. Para empezar, arriesgarse en una gran empresa siempre es mucho más difícil. Además, es preciso superar una serie de procesos claros y muy estructurados para probar algo nuevo: no puede venir alguien con una idea y ponerla en práctica sin más. 

Pero las compañías grandes tienen una ventaja: la innovación adopta muy diversas formas. Puede ser más incremental, sobre una mejora continua; pueden ser pequeños cambios tecnológicos o una modificación del modelo de negocio. No estamos hablando necesariamente de ideas radicales, rompedoras, que son mucho más arriesgadas y difíciles de gestionar en las grandes empresas, pero no por ello dejan de ser aspectos muy valiosos de la innovación.

Las ideas innovadoras y la perseverancia no bastan para que las start-ups tengan éxito. En la investigación que hizo para el Foro Económico Mundial con cientos de start-ups, usted subraya ocho estrategias de crecimiento básicas que pueden servir de guía a través de la montaña rusa de crecimiento y crisis.  ¿Qué revelan sus datos sobre los diferentes caminos hacia el crecimiento y qué tienen en común las start-ups que funcionan?

Solemos asociar start-up con tecnología pero, de hecho, en nuestro estudio vimos numerosas empresas de sectores muy diferentes y de todo el mundo. Desde una empresa de minería australiana que requería una ingente inversión inicial en infraestructura y extracción, hasta una empresa de flores india con la mirada puesta en el mercado internacional. Y claro, todo lo del medio, incluyendo la creación de oficinas en países en vías de desarrollo. 

Lo que se hizo evidente es que las empresas que tienen éxito pueden adoptar cualquier forma y tamaño, y tienen éxito porque su estrategia da en el clavo. No hay una fórmula mágica pero identificamos ocho estrategias, que incluían, entre otros aspectos, el desarrollo de un nuevo producto en una nueva categoría o una categoría existente, el rediseño de la cadena de valor comercial o la suma de los actores existentes. 

A pesar de las diferencias de tamaño, sector y estrategia de crecimiento para alcanzar el éxito, la mayoría de las start-ups que funcionan parten de los mismos ingredientes de base: la calidad y la viabilidad de la idea, la buena gestión de su ejecución, un equipo con mucho talento y, por supuesto, una buena dosis de suerte.

Los comportamientos innovadores y emprendedores se ven básicamente en personas con un alto grado de optimismo. Dado el clima actual, en que el optimismo brilla por su ausencia,  ¿la innovación sigue siendo viable?

La innovación es un poco más complicada en el contexto actual. Aunque la necesidad es la madre de la invención, al final los recursos (sobre todo el talento y la financiación) son fundamentales para desarrollar una innovación. La necesidad puede generar una buena idea entre 100.000, pero este contexto en general no produce ideas revolucionarias, más bien soluciones a problemas acuciantes a corto plazo. 

Sin embargo, el contexto de austeridad no significa que los comportamientos innovadores estén en stand-by. En tiempos de crisis también hay oportunidades para algunos inversores. Con menos gente invirtiendo, hay potencial para grandes rentabilidades, si se identifica una empresa sólida y viable. Se puede pensar en la inversión en innovación o emprendimiento un poco como en el mercado inmobiliario: si se compra cuando el mercado tiene precios bajos es más probable que se obtenga una buena rentabilidad.

En el reciente estudio que ha preparado para la Comisión Europea, “Goldenworkers: Needs and Trends Analysis Report”, explora cómo los trabajadores pueden seguir participando y produciendo activamente en el mercado laboral más allá de la edad de jubilación. ¿Cuáles son las conclusiones de su estudio sobre cómo lo logran? ¿Qué tipo de políticas e innovaciones pueden contribuir a mantener o mejorar su productividad en los años venideros? 
 
En este estudio, intentamos imaginarnos cuál iba a ser el futuro de los trabajadores de edad más avanzada. Cada vez hay menos nacimientos y la esperanza de vida aumenta, con la consiguiente presión en las pensiones y los sistemas de seguridad social. Todo ello hace prever que nuestros ciclos de vida profesional serán más largos en el futuro. Partiendo de ahí, intentamos comprender cómo podía encajar en el mercado laboral esa población de edad avanzada, qué perfil dentro de la pirámide tendría una situación más precaria en sus últimos años y qué tipo de políticas e innovaciones tecnológicas eran las más adecuadas para responder a sus necesidades.

Nuestro estudio reveló que los trabajadores más mayores ciertamente tenían muchas habilidades que los jóvenes no tenían. Por ejemplo, suelen ser mejores a la hora de mantener la calma en situaciones de estrés, al procesar problemas complejos en situaciones extremas y en lo relacionado con la comunicación.

Dependiendo de la situación de los trabajadores en nuestra matriz —nivel de formación en un eje y tamaño de la empresa en el otro eje—, hay unas políticas concretas que pueden ayudar a los trabajadores a participar en el mercado laboral durante esos últimos años. Para empezar, es preciso renovar y adaptar el enfoque tradicionalmente rígido y pasar a un ciclo que se vaya adaptando a lo largo de la carrera. Es decir, empezamos a trabajar a los veinte y seguimos con la misma intensidad hasta la edad oficial de jubilación. Sin embargo, los trabajadores más mayores quizá prefieran que les reduzca el sueldo a cambio de menos horas de trabajo, más descansos durante el día o más vacaciones.

La discriminación es otra barrera importante que hay que superar. Todos los trabajadores deben poder participar en los programas de formación corporativa y no sentir que los aislan a los sesenta porque ya no son tan productivos. El aprendizaje a lo largo de toda la carrera, especialmente la formación en tecnología, es especialmente importante. La era digital puede intimidar mucho a los trabajadores más mayores, pero no hay nada que no pueda superarse con formación y tecnología bien diseñada. Tanto las políticas públicas como las de recursos humanos pueden ayudar en este sentido, igual que las herramientas TIC adaptadas.

Afortunadamente, las herramientas están evolucionando y mejorando continuamente. Muchas empresas también están desarrollando nuevos programas pensando en ciertos impedimentos, incluidos los problemas de visión. Es decir, los esfuerzos de innovación ya se están moviendo en la dirección adecuada para ayudar a esta población a superar su miedo a las nuevas tecnologías digitales y evitar su marginalización en el mercado laboral.