Lo que fortalece a un banco puede debilitar el sistema

Miguel Antón recomienda cautela en la regulación

28/08/2014

Good for One, Bad for All

Estabilizar el sector bancario. Este es el objetivo de la ola de reformas que ha tenido lugar tras la crisis financiera mundial de Basilea III, más centradas en garantizar la solvencia de los bancos de forma individual que en prevenir los contagios y la transferencia del riesgo entre ellos, podrían agravar el riesgo sistémico.

En el artículo "Good for one, bad for all: Determinants of individual versus systemic risk", publicado en Journal of Financial Stability, Germán López Espinosa, Antonio Rubia, Laura Valderrama y el profesor del IESE Miguel Antón revelan los conflictos de las medidas "microprudenciales" (que mitigan el riesgo individual de los bancos) y las "macroprudenciales" (que reducen el riesgo sistémico).


Los errores de Basilea III

Tras la crisis financiera global, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) elaboró el conjunto integral de reformas, conocido como Basilea III, con el objetivo de fortalecer a los bancos ampliando las exigencias de capital y liquidez.

Este comité adoptó medidas complementarias para prevenir el riesgo sistémico, entre las cuales proponía una metodología para identificar los bancos importantes desde un punto de vista sistémico y calibrar la capacidad adicional de absorción de pérdidas que debían tener.

Dicha metodología contempla el tamaño, nivel de interconexión, complejidad, alcance global de las entidades y existencia de sustitutos que puedan prestar sus servicios. El sistema otorga a todos estos aspectos la misma importancia e, implícitamente, los considera independientes.

Según los autores, el enfoque del CSBB es erróneo y la regulación debería contemplar tanto el riesgo individual de los bancos, como el que entrañan conjuntamente con otras entidades. Para corroborar esto, los autores han examinado, a partir de una muestra de 47 grandes bancos internacionales entre 2001 y 2010, cómo los factores sistémicos elegidos por el CSBB contribuyeron al riesgo individual y al contagio en el sector.


Cómo medir el riesgo

Los autores han identificado los factores que determinan el riesgo sistémico a partir de las características específicas de cada banco, como el modelo de financiación, la compraventa de activos financieros, la exposición internacional y la gestión de la liquidez.

Los autores concluyen que dos variables relacionadas con la deuda -el riesgo de financiación (medido por la financiación mayorista a corto plazo) y el ratio de créditos sobre depósitos- influyen considerablemente en el riesgo sistémico.

Y lo mismo sucede con dos variables relacionadas con el activo: el modelo de negocio (medido por el ratio de beneficios en la compraventa de activos financieros sobre ingresos netos) y la exposición internacional (medida por el ratio de activos en el extranjero sobre los activos totales).

Sin embargo, por sí solas, ni la banca de inversión (centrada en los beneficios de la compraventa de activos financieros) ni la diversificación internacional bastan para desestabilizar el sistema: es la interacción entre ambas lo que aumenta la inestabilidad.


Implicaciones regulatorias

Su artículo revela la conveniencia de equilibrar los factores que determinan el riesgo de un banco y del sistema en su conjunto.

El único que parece incidir en el mismo sentido en ambos niveles de riesgo es el ratio de créditos sobre depósitos. Por ello, una política microprudencial que limite la actividad de los bancos en función de dicha relación podría complementar el enfoque macroprudencial de la regulación financiera.

En cambio, el modelo de negocio y la gestión de la liquidez tienen efectos opuestos en el riesgo de un banco y el sistémico. Cuanto mayor es la actividad en banca de inversión, menor es la probabilidad de impago de un banco. Y lo mismo ocurre con la gestión de la liquidez descentralizada. Pero, a su vez, ambas actividades incrementan el riesgo sistémico.

A tenor de estos resultados, los autores creen que convendría ser más prudentes al diseñar estándares regulatorios para incrementar la fortaleza del sistema bancario en su totalidad. La regulación macroprudencial no solo debería hacer hincapié en aumentar las medidas microprudenciales, sino también en facilitar una transferencia eficiente del riesgo entre las instituciones financieras.


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