¿Por qué ha bajado tanto el consumo en España?

Rolf Campos investiga los efectos del miedo al desempleo

22/12/2014

IESE Business School

La sombra del desempleo frena el gasto incluso entre aquellos que conservan su trabajo / Foto: iStock

La crisis financiera ha tenido consecuencias directas sobre el consumo de los hogares. Que los desempleados gastan menos no sorprende a nadie. Menos evidente es lo que muestra un estudio publicado por el Banco de España: el consumo también desciende entre quienes conservan trabajo y salario.

Una creciente tasa de desempleo "genera una sombra alargada", como afirman el profesor del IESE Rolf Campos e Iliana Reggio, de la Universidad Carlos III, en su investigación "Consumption in the Shadow of Unemployment".

La novedad del estudio radica en que pone el foco en aquellos hogares que no se han visto afectados directamente por el desempleo, lo que permite comprobar los efectos de la amenaza del paro.


No solo cae el consumo de los parados

La investigación de Campos y Reggio se centra en España, donde la tasa de desempleo se disparó más de 13 puntos porcentuales entre los años 2006 y 2011 (desde el 8,5% hasta el 21,6%). Como era de esperar, los hábitos de consumo de millones de españoles se vieron afectados durante este periodo, pero el desempleo por sí solo no explica la magnitud en la caída del gasto.

El estudio demuestra que existe una correlación directa entre el aumento del paro y la reducción del consumo en los hogares españoles que no se vieron afectados directamente por el desempleo. Cada punto porcentual de aumento del desempleo supuso una caída de más del 0,7% del consumo por adulto equivalente.

Además, la investigación prueba que los hogares no solo recortaron en calidad y precio, sino que también redujeron la cantidad de productos adquiridos.

Los autores analizaron una muestra de 17.182 hogares durante dos años, en los que quien proveía el sustento familiar principal estuvo en todo momento empleado. Los datos reflejan que los hogares que dependían de las personas más jóvenes redujeron sus gastos en mayor medida que aquellos cuyo sustento principal provenía de trabajadores con edades más próximas a la jubilación.

Así, un incremento de un punto porcentual en la tasa de desempleo supuso una caída de cerca del 0,8% en el consumo de los adultos entre 25 y 44 años, mientras que para aquellos de entre 45 y 54 años la caída en el gasto fue del 0,6% y para los que tenían entre 55 y 64 años, tan solo del 0,2%.

Campos y Reggio demuestran la correlación entre la evolución del paro y del consumo y que la sombra del desempleo desalienta el gasto incluso entre quienes conservan su trabajo. La incógnita ahora es saber cuánto tiempo tardará en recuperarse la demanda interna una vez mejoren las perspectivas laborales.


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