5 claves para la sostenibilidad del sistema de salud

Expertos buscan soluciones en el 21 Encuentro Sanitario

16/10/2014

(De izqda. a dcha.) Cándido Pérez, socio de KPMG en España, la profesora del IESE Núria Mas, y el director general de Farmaindustria, Humberto Arnés, durante el Encuentro / Foto: Jordi Estruch

Las restricciones presupuestarias que imponen el control de la deuda y los cambios demográficos están poniendo en peligro los sistemas sanitarios de las economías avanzadas. Conseguir su sostenibilidad pasa por alcanzar lo que Núria Mas, profesora del IESE, define como la “triple meta”: mejor salud, menores costes y mejores cuidados sanitarios. Lograr un equilibrio entre estas tres variables no es fácil. Pero es lo único que puede garantizar la continuidad y viabilidad de los sistemas de salud, tal y como constataron ayer los expertos reunidos en el 21 Encuentro del Sector Sanitario organizado por el IESE en colaboración con KPMG.


Mejor salud garantizando el ROI

Es un hecho que vivimos más y mejor gracias a los incontables avances médicos y tecnológicos de las últimas décadas. Y aunque eso contribuye a tensionar más el sistema al alargar la esperanza de vida, aumentan la cronicidad y se elevan los costes sanitarios, hay que felicitarse por ello y seguir apostando por la innovación y el desarrollo de nuevos fármacos y tratamientos.

Para Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, “el reto está en conciliar tres variables clave: la sostenibilidad del sistema, el acceso a la innovación, y el desarrollo profesional”. Es urgente buscar soluciones imaginativas, nuevos mecanismos y fuentes de financiación que permitan superar la brecha entre el alto impacto económico que tienen los nuevos fármacos y tratamientos a corto plazo y los beneficios que generan a largo plazo. El director general de Farmaindustria recordó que “el retorno de la inversión (ROI) en la sustitución de algunos viejos tratamientos por nuevos medicamentos llega a alcanzar cifras altísimas, de hasta el 600 y 700%”, por lo que no solo beneficia a médicos y pacientes, sino también a los propios gobiernos. “La innovación es la savia de nuestra industria y, por lo tanto, no podemos renunciar a ella”, sentenció.


Menos costes gracias a una buena gestión

Entrando ya de pleno en el debate de la financiación, el doctor Josep Santacreu, consejero delegado del Grupo DKV Seguros puso sobre la mesa un hecho irrevocable: nos encontramos ante una “mayor exigencia a empresas y gobiernos, por parte de la ciudadanía, para que se encuentren tratamientos coste-efectivos”. Existen evidencias, como las que aportó el doctor David Kaplan, responsable global de Soluciones Clínicas de Mercer, de que “los modelos que sitúan al usuario en el centro están reduciendo los costes sanitarios en un 30 o 40%”.

Núria Mas explicó que en dos investigaciones que ha realizado en hospitales de Europa y Estados Unidos descubrió que, sin ampliar sus presupuestos, se introdujeron y lograron mejoras en la eficiencia simplemente reorganizando equipos (técnicos y humanos), rediseñando los flujos de trabajo con los pacientes y priorizando los recursos y prestaciones en función de lo que verdaderamente aportan a la salud y el bienestar de los pacientes.

Los expertos congregados en el Encuentro coincidieron en que se puede hacer mucho más con los mismos recursos. Pero para ello es imprescindible racionalizar los activos y la operativa clínica, que a menudo topa con dos grandes problemas: por un lado, las presiones sociales y políticas de quienes entienden, erróneamente, que más eficiencia equivale a menos calidad asistencial (o sea: recortes); por otro, la falta de datos para medir resultados, un problema que acusa especialmente el sector público por su poca transparencia. Así lo manifestó Javier Colás, director general de Medtronic Ibérica, aunque otros participantes también confirmaron haber encontrado este tipo de limitaciones.


El futuro está en el Big Data

Es precisamente la información y la recogida de datos para su medición y análisis la que está revolucionando, en gran medida, la atención a los pacientes. El Big Data permite numerosas aplicaciones e iniciativas en el ámbito de la e-health, como las historias clínicas electrónicas, las aplicaciones móviles para monitorizar datos clínicos y hacer el seguimiento de todo tipo de dolencias, comunidades virtuales de pacientes y un largo etcétera.

Stefan Bungart, director de software para Europa de GE Global Research, fue el encargado de ilustrar al auditorio sobre las enormes posibilidades que ofrecen el Big Data y la llamada Internet Industrial en el ámbito sanitario. Bungart aseguró que estas tendencias futuristas ya están contribuyendo a la mejora de la eficiencia y al ahorro en costes, al desarrollo de nuevos servicios para el usuario y a la prevención de riesgos. Entre otras áreas clave, apuntó que la computerización de ingentes volúmenes de datos permite optimizar activos y equipos (maximizando su rendimiento y su retorno mediante el procesamiento y análisis de datos), rediseñar operaciones (mejorando la programación para reducir los tiempos de espera y evitar los “cuellos de botella”), atender personalizadamente a los pacientes (con el análisis sistemático de las dosis de medicamentos y de otros parámetros de seguridad) o ofrecer cuidados integrados (identificando patrones, tendencias y sinergias que favorecen la coordinación de algunos tratamientos e incluso la prevención de ciertos riesgos clínicos).


La receta en cinco pasos

El Encuentro sirvió para acabar de dar forma y contenido a los cinco pasos que Núria Mas ya anticipaba como necesarios para alcanzar la “triple meta”:

  1. Medir, medir, y medir. Porque no es posible mejorar lo que no se ha valorado antes. Hay que medir “de forma permanente y obsesiva”, tal y como apuntó Cándido Pérez Serrano, socio de KPMG en España y coorganizador del Encuentro.

  2. Identificar historias de éxito, y asegurarse de comprender bien por qué han funcionado, para tratar de replicarlas con los mismos resultados.

  3. Fomentar el valor en la sanidad, priorizando los tratamientos y procesos que realmente contribuyen a mejorar la salud del paciente. Es imprescindible situarle en el centro, involucrarle, y hacerle comprender que lo mejor, tanto para él y como para el conjunto del sistema, es que reciba el tratamiento adecuado, en el momento adecuado y en el sitio adecuado.

  4. Alinear incentivos. Hay que establecer prioridades y hay que hacerlo de forma coherente, de forma que las decisiones se tomen de acuerdo con las motivaciones y necesidades de los distintos agentes implicados y considerando las mediciones de los resultados obtenidos.

  5. Potenciar la cultura de la salud. Hay que seguir educando y concienciando en la necesaria implicación de todos los colectivos en la adopción de hábitos que mejoren la salud (prevención, control, adherencia a los tratamientos prescritos…) y de las innovaciones que han de permitir un mejor funcionamiento de los sistemas sanitarios (ya sean médicas, clínicas, de procesos, de gestión o de financiación).