¿Cómo beneficia la Zona Única de Pagos a la empresa europea?

Jorge Soley expone las ventajas de la SEPA

20/10/2014

Jorge Soley

Jorge Soley, profesor extraordinario del Departamento de Dirección Financiera del IESE / Foto: Edu Ferrer

Desde este año está en vigor la Zona Única de Pagos en Euros (SEPA - Single Euro Payments Area), que impulsa la Comisión Europea. Este instrumento permite que particulares, empresas y otros agentes económicos europeos realicen sus pagos electrónicos en euros, tanto nacionales como transfronterizos, en las mismas condiciones básicas y con los mismos derechos y obligaciones, con independencia del lugar en que se encuentren. Según explicó el profesor del IESE Jorge Soley en una sesión de continuidad para los antiguos alumnos, esto proporciona mayor liquidez a particulares, empresas y administraciones públicas; abarata costes financieros y pone fin a la fragmentación del mercado de pagos minoristas.


Ahorros en comisiones y adiós al floating

Un total de 32 países, 7.000 bancos y 450 millones de consumidores se han adherido a esta Zona Única de Pagos Europea. Si bien cada entidad bancaria publica sus tarifas y decide cuánto cobra por sus servicios, el precio de una transferencia o recibo nacional (por ejemplo, con origen y destino España) ha de ser el mismo que el que se cobra por una transferencia o recibo europeo (por ejemplo, con origen España y destino Alemania).

Así, dentro de estos países, los pagos y cobros en euros no realizados en efectivo deben resultar tan sencillos y rápidos como los pagos y cobros nacionales. Los instrumentos de pago regulados por la SEPA son precisamente las transferencias bancarias, los recibos domiciliados y los pagos con tarjeta.

La SEPA también ha supuesto la desaparición del floating bancario, de tal manera que el abono de transferencias y recibos se produce el mismo día de su recepción. Asimismo, aumentan los plazos de devolución, ya que el deudor puede solicitar a su banco que se devuelva el recibo después de haberlo pagado, durante los 56 días posteriores y en el plazo de 13 meses si puede demostrar que se trataba de un recibo no autorizado.

Para Soley, la SEPA "es el mayor impulso a la integración financiera en Europa. Con este instrumento se integra el mercado monetario europeo".

Los objetivos de esta Zona Única de Pagos pasan por conseguir una zona donde los pagos y cobros se efectúen de manera competitiva e innovadora, gracias a un buen nivel de servicio, productos eficientes y tarifas más baratas. Todo ello ha obligado a las entidades bancarias a un esfuerzo por adaptarse a estos nuevos instrumentos obligatorios de pago.


Efectos positivos para la empresa

En opinión del profesor Soley, la SEPA ya ha tenido efectos positivos para las empresas. Ha permitido impulsar las exportaciones gracias a la máxima utilización del débito o recibo como medio de pago. A su vez, ha caído el uso del cheque bancario. Y la desaparición del floating bancario ha aportado más liquidez a las compañías.

Por otra parte, la Directiva de Servicios de Pago II, con la que culminó la implantación de la SEPA el pasado mes de agosto, introduce la figura del "proveedor no bancario" de los servicios de pago. Estos proveedores operan entre el comercio y la entidad bancaria gestora de la cuenta de pago, sin recurrir al uso de las tarjetas tradicionales. Se trata de nuevas entidades que han aprovechado el vacío jurídico existente y han empezado ya a intermediar entre los comercios y los bancos de los compradores, usando la infraestructura bancaria existente (cámaras de compensación nacionales o internacionales, cuentas bancarias y servicios de pagos bancarios).

Es el caso, por ejemplo, de compañías como PayPal o Apple Pay. Con empresas de este tipo se acabaría con el monopolio bancario en la intermediación de los pagos mundiales. "La empresa debería utilizar todas las posibilidades que ofrece la banca de servicios para mejorar su eficiencia", señaló Soley.

"Pese a todo, aún queda mucho por hacer", apuntó Beatriz Kissler, miembro del Consejo de Pagos Europeos y de Iberpay, quien recordó que, en 2016, finaliza el plazo de migración a la SEPA para el resto de países que no forman parte de la UE (Islandia, Mónaco, Suiza, Noruega y Liechtenstein).

Kissler cerró la sesión con una cuestión a modo de reflexión. "Las plataformas y empresas tecnológicas participan ya en el negocio bancario. ¿Podría poner en dificultades al monopolio de las entidades bancarias?", se preguntó.



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