Por qué debería ser el riesgo un problema de todos

Markus Maedler aboga por un enfoque integral en la empresa

23/10/2014

Markus Maedler

El profesor del IESE de Contabilidad y Control, Markus Maedler: “El riesgo debería ser el problema de todos” / Foto: Archivo

¿Está cambiando la gestión del riesgo en la forma de dirigir empresas? Según una encuesta reciente, nada menos que el 98% de los profesionales y técnicos empresariales así lo cree.

En una sesión para antiguos alumnos que tuvo lugar la semana pasada, el profesor del IESE Markus Maedler instó a las empresas a no ver el riesgo de forma táctica o pasiva, sino a aplicar un pensamiento estratégico. En su opinión, la gestión del riesgo debe ser, por un lado, una actividad holística que abarque toda la organización, y por otro, un elemento que cree valor, además, naturalmente, de protegerlo.


La historia de dos telcos

Tomemos el ejemplo de Ericsson y Nokia, que allá por el año 2000 tenían muchos elementos en común. Con una cuota de mercado y unos ingresos similares, ambas empresas tenían a Philips como proveedor, y obtenían sus chips de los mismos almacenes.

Cuando dichos almacenes fueron alcanzados por un rayo, el incendio provocado pudo apagarse con rapidez y los daños resultantes parecían, en principio, mínimos.

Ericsson no dio importancia a este incidente “menor”, y prosiguió con sus actividades como si nada hubiese sucedido. Nokia, por contra, tomó la decisión de cambiar de proveedor de chips.

Poco después, se descubrió que el humo causado por el incendio había contaminado las existencias del almacén. Así, Ericsson no tardó en quedarse sin chips útiles, y tanto sus acciones como su cuota de mercado se desplomaron. Dos años más tarde, la empresa se vio obligada a asociarse con Sony.

Mientras, sus rivales de Nokia vieron como sus acciones y su cuota de mercado subían como la espuma, produciendo un gran valor accionarial.


Enfoques holísticos y estratégicos

El caso de estudio Nokia-Ericsson es un ejemplo de manual de cómo la gestión del riesgo puede y debe ir más allá de la protección y la creación de valor. Desgraciadamente, este enfoque predomina entre los pensadores y practitioners actuales, asegura el profesor Maedler, con las consabidas medidas de cumplimiento, auditorías y seguros.

Ir más allá de estas medidas y afrontar el riesgo con un enfoque holístico y estratégico es crucial para una gestión –no solo medición– del riesgo que sea efectiva y que pueda crear valor de forma consistente. Porque el riesgo precisa de más cuidados, atenciones y escrutinios que la mera obtención de beneficios, insiste el profesor.

Elementos de la gestión del riesgo

Nombrar a gestores del riesgo y crear sistemas para informar del mismo puede ayudar a formalizar el concepto de gestión del riesgo en una empresa.

COSO, ISO 31000:2009 y el Banco de Pagos Internacionales recurren al riesgo operacional a través de marcos de trabajo que podrían ser potencialmente valiosos para gestionar el riesgo. Asimismo, las Métricas de Rendimiento Ajustadas al Riesgo también pueden facilitar que la empresa pueda hacer cálculos que reflejen fielmente los riesgos inherentes a sus actividades.

De todos modos, el profesor Maedler alerta de la posibilidad de que estos marcos no siempre reflejen el nivel de riesgo real, por lo que podrían convertirse en una “camisa de fuerza” burocrática que acabe atando en corto las actividades de la empresa.


Una visión para toda la empresa

Evitar la rigidez y abrazar la flexibilidad es una actitud clave en un enfoque estratégico del riesgo, sostiene el profesor. Y para ello, toda la organización deberá involucrarse y tener en cuenta el riesgo, incluido el que inevitablemente crea cada individuo, “porque todos aportamos resultados”, indica, “igual que todos aportamos riesgo”.

La máxima “sin riesgo no hay recompensa” subraya la idea de que toda actividad productiva conlleva sus riesgos. Es lo que sucede con la política de primas, por ejemplo. “A compensaciones más altas, mayores riesgos potenciales” podría parecer un enfoque lógico. Sin embargo, según Deloitte, solo un 49% de las empresas considera que apostar por estructuras de primas supone un riesgo.


La comunicación es la clave

Maedler cita el ejemplo de Lehman Brothers, que sopesó el riesgo que acarreaba otorgar primas elevadas. ¿Qué es lo que salió mal, entonces?

Fue la incapacidad para “comunicar” (visibilizar) los cada vez más elevados niveles de riesgo inherentes a su cultura de concesión de primas y altos retornos, no la cultura per se. La caída de Lehman Brothers y sus consecuencias se podrían haber evitado, sostiene el profesor, si se hubiese informado e instado a todos los empleados a comprender el alcance de los riesgos que se estaban tomando, así como sus potenciales consecuencias.


Alentar a las personas a crear valor

Maedler insiste en la idea de que han de ser las personas las que, en una empresa, deben ayudar a gestionar el riesgo. Los empleados no únicamente han de estar informados, dice, sino que deberían ser alentados a jugar un rol proactivo en la gestión del riesgo puesto que esta nunca ha sido tan importante como lo es ahora. Para que sea efectiva, debería ser estratégica, holística y creadora de valor: “Se trata de alentar, no de prescribir; y de gestionar, no solo de medir”.



Agrupación de Antiguos Alumnos