El hombre que revolucionó la banca

Juan José Toribio homenajea el legado de Emilio Botín

12/09/2014

Juan José Toribio

Juan José Toribio, profesor emérito del Departamento de Economía y ex director del IESE en Madrid.

De Emilio Botín, sólo cabe decir que fue una persona extraordinaria en todas sus dimensiones. Sin duda alguna, la historia de la banca y la economía española habrán de concederle un puesto de honor, cualquiera que sea el enfoque con el que el relato se escriba. Fue un hombre capaz de contribuir decisivamente a la configuración histórica de la sociedad en la que vivió. Al recordarle, sus biógrafos habrán de referirse inevitablemente a "Botín y su tiempo".

Como es sabido, Emilio Botín sucedió a su padre (también banquero relevante) en la presidencia de una entidad financiera sana y bien conocida desde años atrás, pero que ocupaba un modesto sexto lugar en el ranking de la banca española, tanto en términos de depósitos, como de activos, capitalización, o número de oficinas y empleados, muy por detrás de los actores principales en el sistema financiero español. En la fecha de su fallecimiento, y tras su liderazgo, el banco no sólo había ascendido al número uno en la clasificación de las entidades españolas, sino que, abierto al mundo global, ocupa ya el segundo lugar de Europa (únicamente por detrás de HSBC) y el décimo del mundo en términos de capitalización bursátil.

Bajo la presidencia de Emilio Botín, el Banco Santander logró una penetración muy profunda en mercados tan competitivos como el británico, el brasileño o el norteamericano, y una presencia significativa en muchos otros.

Todo ello, - por revelador que sea - no constituye, sin embargo, más que un conjunto de indicadores de excelencia empresarial, que adornan la personalidad de Botín, pero que en modo alguno la agotan. Su figura, en el contexto histórico de la banca española, va más allá, y trasciende las fronteras de un simple éxito gerencial, por importante que éste haya sido.

En efecto, Emilio Botín no sólo fue capaz de dinamizar el banco que presidía hasta límites difícilmente esperables, sino que generó, alentó, y protagonizó una transformación radical de todo el sistema bancario español, hasta lograr su modernización en el contexto de la transición política y social española. Así, poco después de su acceso a la presidencia del banco Santander, a mediados de los años 80, tomó la decisión audaz de romper el oligopolio bancario de los "siete grandes", hasta entonces inamovible en el sistema financiero español. Lo hizo desatando una lucha abierta en la retribución y la instrumentación de los depósitos bancarios, hasta entonces sujetos a restricciones competitivas, no solo por disposiciones legales, sino por acuerdo implícito de las grandes entidades bancarias.

Inició así una carrera hacia la conquista de nuevas cuotas de mercado, no sujeta a la aquiescencia de los demás miembros del cartel. Sus competidores no tuvieron más remedio que seguirle, aunque fuera a regañadientes y con protestas de deslealtad hacia el statu quo. Tras esa dura batalla comercial, que Botín desató, la banca española nunca podría volver a ser la misma.

Y no lo fue. Vencedor en la legítima contienda, Botín persistió en su audaz estrategia competitiva, hasta asumir sucesivamente - y mediante distintas operaciones- la titularidad y la gestión de grandes competidores como Banesto, Banco Central y Banco Hispano Americano, es decir gran parte de la flor y nata del sector bancario español, que experimentó, tras las iniciativas de Botín, una radical transformación modernizadora.

Sirvan estas líneas como apresurado homenaje a una figura extraordinaria del panorama bancario español. Pero no sería de justicia concluirlas sin una alusión, por breve que sea, a otras aportaciones decisivas de Emilio Botín a la sociedad de su tiempo, que es también el nuestro. Cabe destacar, entre ellas, el apoyo decidido a la marca España en todos los ámbitos internacionales, así como al Consejo de Competitividad, como organismo de impulso a la modernización económica española. También su patrocinio a figuras del deporte mundial y, sobre todo, su empeño en impulsar hacia la excelencia al mundo de la educación y la cultura, a través del programa Universia, presente en muchos países latinoamericanos, un esfuerzo cuyos frutos habrán de cosechar y agradecer las generaciones futuras.