¿Podemos evitar otra crisis financiera?

Martin Wolf propone una reforma radical del sector bancario

29/01/2015

“Los bancos todavía son demasiado grandes para caer”, Martin Wolf y Prof. Pedro Videla / Foto: Quim Roser

La crisis de 2008 fue “el mayor desmoronamiento del sistema financiero mundial que se ha producido jamás”. Y es posible que una nueva crisis de proporciones similares esté a punto de empezar, advirtió Martin Wolf, jefe de análisis económico del Financial Times.

Considerado uno de los escritores y periodistas económicos más influyentes del mundo, recientemente Wolf impartió, en el campus del IESE, una sesión moderada por el profesor del IESE Pedro Videla y en la que se debatieron las tesis que defiende en su libro The Shifts and The Shocks: What We've Learned – and Still Have to Learn – From the Financial Crisis (“Los cambios y los ‘shocks’: qué hemos aprendido –y qué tendríamos que aprender aún– de la crisis financiera”).


Pero… ¿cómo nos metimos en “este lío”?

El colapso de 2008 cogió a muchos economistas con el pie cambiado, Wolf incluido. Aunque describe la magnitud del choque como “impredecible en muchos sentidos”, el experto no deja de criticar por ello el “tremendo fracaso” de las instituciones económicas que, hace pocos años, habían considerado poco menos que inconcebible una crisis de esta envergadura.

Martin Wolf explicó que las instituciones regulatorias y los bancos centrales no han conseguido entender la interconexión entre las fuerzas macroeconómicas y el sistema financiero. Y lo atribuye al “completo fracaso de la vieja ortodoxia económica previa a la crisis”. En su libro, aborda las causas o “movimientos” probables que han conducido a la recesión, entre las cuales asegura que la globalización fue el factor clave.

“La globalización ha propiciado desequilibrios globales en el ahorro, ha tenido consecuencias importantes en la distribución de las rentas, ha guiado en buena parte los comportamientos de las empresas, e incluso ha modificado los lugares en los que estas deciden invertir. Además, también tuvo su parte de culpa en el aumento de las desigualdades, que se han acentuado por el cambio tecnológico”.

Wolf apuntó la crisis asiática de los años 1997-98, que modificó el equilibrio global de la oferta y la demanda del ahorro y de la inversión, redujo la demanda de inversiones en muchos países, y llevó a políticas que han acabado generando una tasa de ahorro muy excesiva en las economías emergentes.

“Es demencial dirigir el sistema económico mundial sobre la base de que es aconsejable, para los países pobres con buenas oportunidades de inversión, exportar capitales a países ricos con oportunidades de inversión mediocres”, aseguró el periodista. “Debería ser exactamente al revés, pero a los países ricos les preocupa contar con déficits presupuestarios elevados”.


Una respuesta fuerte, una recuperación débil

Describiendo la respuesta monetaria a la crisis como “algo nunca visto en la historia de la economía mundial”, con los tipos de interés de las principales economías cercanos al cero por ciento, Wolf reconoció que los bancos centrales han redoblado esfuerzos para volver a dinamizar las economías. No obstante, hasta la fecha, la estrategia ha fallado en dar los frutos necesarios: “la inflación debería aparecer como una consecuencia… pero no lo está haciendo”.

En Estados Unidos, la recuperación es lenta, pero real. Muy distinta de la foto en Europa, aseguró, que cuenta con una demanda interna cinco puntos por debajo del nivel máximo anterior a la crisis, y con una mejora “extremadamente débil” que hace bastante improbable que se invierta la tendencia en un futuro próximo.


Buenas noticias para España…

Aunque atribuye el desplome de la eurozona a una mala gestión de la crisis por parte del BCE, Wolf no admite que se hayan tomado medidas efectivas para combatir el problema de la liquidez en los mercados de deuda pública. En este sentido, este analista económico indicó que el sistema de compras monetarias directas (en inglés, OMT), puesto en marcha en agosto de 2012, fue un “acontecimiento decisivo” para España e Italia.

En consecuencia, Wolf considera que España se ha convertido, con razón, en una fuente de optimismo (moderado) en el escenario de la economía global.


Pero... ¿malas noticias para Europa?

Es probable que la recuperación europea sea bastante decepcionante, aseguró Wolf, quien prevé que durante los próximos cuatro años nos encontraremos con una serie de condonaciones de deudas. La situación en Grecia sería, por tanto, una especie de prueba piloto de lo que hace referencia a asuntos de deuda pública.

Wolf cree que el “síndrome deficitario crónico de la demanda” al que se enfrenta Europa tiene muy difícil solución, ya que las inyecciones cuantitativas solo pueden ser una solución temporal. Un superávit exterior en aumento, señaló, no es sostenible sin contrapartidas que lo favorezcan.

La peor perspectiva para Europa sería, según Wolf, un “juego de suma cero” en el que el crecimiento de unos países se produjese a expensas de la caída de otros. Porque “cuando las cosas van mal a escala global, alguien tiene que asumir las pérdidas”.


¿Estamos plantando las semillas de una futura crisis?

Intentar que las políticas monetarias logren compensar el débil crecimiento de la demanda mediante la manipulación de los mercados de activos, asegura Wolf, podría estar creando nuevas fragilidades financieras considerables.

“No estoy seguro de que hayamos creado las condiciones necesarias para una nueva crisis del mismo calibre en el mundo desarrollado –aunque tampoco estoy convencido de que no lo hayamos hecho–, pero quizá sí que provocaremos una, si no catastrófica, sí bastante seria, en los países emergentes”.

Impedir crisis futuras exigiría una reforma del FMI que permitiera crear seguridad macroeconómica, así como cambios radicales en el sector de banca. Con una relación de apalancamiento de 25 a 1 en los principales bancos, Wolf advirtió de los riesgos que tiene la gran concentración que sufre el sector hoy en día.

“Los bancos todavía son, claramente, demasiado grandes para caer, pero es que es difícil hacer que dejen de tomar riesgos si saben que los acabarán rescatando”.

En su columna para el Financial Times, Wolf muestra su apoyo a que los estados recuperen el control sobre la creación de liquidez, tal y como señala el paper del FMI del año 2012 “The Chicago Plan Revisited.” Si así se hiciera, los bancos se convertirían en meros administradores, que únicamente podrían prestar hasta donde llegasen sus reservas.

“La transición hacia un sistema en el que la creación de liquidez esté separada de los intermediarios financieros… tendría enormes ventajas”, concluye Wolf. Y acabaría sin duda con esta banca “demasiado grande para quebrar”.