¿Beneficia el activismo accionarial a los negocios?

Jan Simon cree que sí, e invita a abrazar esta “nueva realidad”

16/06/2015

Jan Simon

“El activismo accionarial es la nueva realidad”, afirmó el profesor Jan Simon en el campus del IESE en Nueva York / Foto: Tito Rolón

El activismo accionarial es la "nueva realidad". Y eso no tiene por qué ser malo. Porque a pesar de la mucha atención negativa que suscita, hay evidencias que sugieren que el activismo accionarial podría tener, a largo plazo, un efecto positivo sobre el valor.

Así lo afirma el profesor del IESE Jan Simon, principal ponente de una conferencia que ha tenido lugar recientemente en el campus de Nueva York, y que llevaba por título "For all the Noise, do Shareholder Activists Create Shareholder Value?".

Según Simon, los activistas accionariales han estado "haciendo mucho ruido" durante los últimos años, y es "improbable que dejen de hacerlo".

Su objetivo, dice, es generar el cambio, ya sea social, medioambiental, político o financiero. El profesor Simon lo argumenta desde un punto de vista legal y económico. No obstante, los activistas accionariales también pueden crear valor, siendo el instrumento principal el compromiso con el consejo o con la junta directiva de la empresa.

"Los estudios realizados demuestran, uno tras otro, que cuanto más comprometidos con su consejo están los accionistas, más valor se crea", aseguró Simon. "Para simplificarlo, ellos mismos tienen un gran interés en hacerlo así".


¿De dónde vienen y cómo operan?

Simon intentó hacer una distinción entre los "saqueadores corporativos" de la década de los ‘80 (llevados a la ficción por el personaje de Gordon Gekko que encarnó Michael Douglas en la película de 1987, Wall Street) y los activistas accionariales de hoy en día. La mayoría de los "saqueadores", indicó, no invierten en las empresas.

La verdadera cuestión, dijo, es tratar de mirar más allá de la "mala fama" y extraer alguna lección de lo que están diciendo los activistas.

"No se trata tanto de preguntarse ‘¿desde aquí hacia dónde vamos?’, porque los activistas accionariales no están yendo a ninguna parte", reflexionó. "La clave es intentar comprender de donde están viniendo estos activistas y determinar si lo que están diciendo tiene sentido o no".

Las evidencias sugieren que cuando los activistas apuntan a organizaciones que no rinden lo suficiente, el valor creado puede ser significativo.

Los activistas de fondos de cobertura (conocidos por su nombre en inglés, hedge funds), indicó, suelen adquirir participaciones concentradas de duración limitada en empresas infraendeudadas que tengan gran liquidez, y que rindan por debajo de lo que lo hace su competencia. En opinión del profesor Simon, las investigaciones demuestran que estos activistas de hedge funds generan, en su conjunto, retornos positivos anómalos de entre el 7 y el 10%.

Muy pocos activistas accionariales, insistió, han tenido éxito con empresas que estén obteniendo un rendimiento relativamente bueno.

La táctica más frecuente del activista es la de intentar cambiar el consejo de la empresa. Y su tasa de éxito es del 73%, reveló Simon. Así que "si es usted un miembro del consejo y le quieren echar, debería preocuparse".


Sopesar los pros y los contras

Hay, y seguirá habiendo, considerables críticas hacia el activismo accionarial, concedió Simon. La principal de ellas es el impacto negativo sobre los accionistas a largo plazo. Un argumento frecuente es que, aunque a corto término el activista suele tener un beneficio, a la larga la empresa experimentará retornos negativos anómalos.

No obstante, un estudio reciente de la Harvard Law School arroja algo de luz sobre esta hipótesis. The Long-Term Effects of Hedge Fund Activism (Los efectos a largo plazo del activismo de fondos de cobertura) analiza empresas adquiridas por activistas accionariales antes de la crisis crediticia de 2008, y Simon demostró, citando datos del mencionado estudio, que estas empresas han disfrutado de un rendimiento operativo positivo a largo plazo.

"Parece que, en conjunto, los activistas accionariales han hecho que las empresas vayan a mejor y no a peor". Y no hay "pruebas" de retornos negativos a largo plazo después de la salida de los hedge funds.

"El activismo accionarial está aquí para quedarse y creo que eso es algo bueno y es algo muy apreciado por los buenos consejos", concluyó Simon. "No se puede ignorar el activismo accionarial. Es la nueva realidad".


El IESE en Nueva York

Organizada por el Departamento de Alumni, la conferencia "For all the Noise, do Shareholder Activists Create Shareholder Value?" tuvo lugar el 11 de junio en el campus de la escuela en Nueva York, que, ubicado en Manhattan, está ganando fama rápidamente como uno de los hubs más punteros del mundo en lo que respecta a la investigación sobre negocios globales.

En el programa MBA, el profesor Simon imparte clases sobre mercados de capitales, inversiones, inversiones alternativas y gestión deportiva.

Antes de incorporarse al IESE, fue director ejecutivo en Goldman Sachs, donde colaboró en la creación de una oficina de operaciones y ventas paneuropea en Londres. También forma parte del Consejo de Dirección de varias startups de todo el mundo.