Recuperación económica en EE. UU.: las dos caras de la moneda

El crecimiento tecnológico, ¿“una historia de tres ciudades”?

16/03/2015

“No es momento para triunfalismos; más bien es tiempo de reflexión”. El Consejo asesor del IESE en EE. UU. analiza el crecimiento norteamericano ante estudiantes de MBA (de izqda. a dcha.: Edward T. Reilly, Claire Huang, Kate O’Sullivan, John Schmitz, Eric Weber) / Foto: Jordi Estruch

“No es momento para triunfalismos; más bien es tiempo de reflexión”, aseguró John Schmitz ante un auditorio formado por estudiantes del programa MBA del IESE. “Yo soy optimista. El crecimiento actual es bueno, pero la situación económica general es complicada. Y un análisis más profundo del mercado laboral y del estancamiento salarial saca a relucir cuestiones preocupantes”.

Schmitz fue uno de los cuatro miembros del Consejo asesor del IESE en Estados Unidos que participó en un debate que tuvo lugar la semana pasada en el campus de Barcelona. Los miembros de este consejo, que asesora y apoya las actividades de la escuela en EE. UU., intercambiaron impresiones sobre el estado de la recuperación económica en Norteamérica.

Ex abogado en la Casa Blanca, Schmitz ha trabajado en temas regulatorios y antimonopolio para Ronald Reagan y George Bush padre. Es socio de la empresa Bingham McCutchen, y actualmente vive a caballo entre Berlin y Washington D.C., donde asesora a empresas transatlánticas. Sus vivencias, explicó, le ofrecen una posición privilegiada para observar la situación económica tanto desde el punto de vista europeo como desde el del gobierno estadounidense.


Nuevas métricas para la salud económica

La distribución de los ingresos es “un tema muy amplio y preocupante, que tanto republicanos como demócratas siguen muy de cerca”, afirmó Schmitz. Y es que en términos reales, los salarios no están creciendo para el 99% de la población estadounidense, aseguró.

La Reserva Federal (Fed), explicó, considera que la tasa oficial de desempleo —esto es, el número de personas que estaban buscando trabajo durante las últimas cuatro semanas— es “cada día menos útil” como indicador de la salud de la economía. En su lugar, la Fed está empezando a seguir el ejemplo de Alemania, y a fijarse en la tasa de participación laboral, es decir, en la proporción entre la población apta para trabajar y la población total de la misma franja de edad.

Edward T. Reilly, quien, como presidente y CEO de la American Management Association, se encarga cada año de supervisar la formación profesional de 100 millones de personas, retomó esta última idea. “Entre 12 y 15 millones de personas han abandonado el mercado laboral en los últimos cinco años. Sencillamente han dejado de buscar trabajo; pero es que, además, los pocos trabajos disponibles ya no son de la misma calidad que antes en lo que a salario o seguridad se refiere”.


Una historia de tres ciudades

Claire Huang, directora de Marketing de JPMorgan Chase, explicó que esta categoría de personas de muy bajos ingresos pertenece a una de las que ella denomina las tres “ciudades” de la recuperación en términos de gasto. La población de la primera “ciudad” aumenta su tamaño un 9% al año, más de lo que lo hace el PIB de EE. UU. Pero no están gastando, y por lo tanto, no están ayudando a la recuperación económica.

La segunda “ciudad”, formada por norteamericanos con ingresos medios, se encuentra algo “aturdida”, y no empezará a gastar hasta que vea que sus ingresos empiezan a aumentar. Solo la tercera, esto es, “el 1% que forman los superricos”, está gastando alegremente. Prueba de ello, indicó Huang, es lo activo que se encuentra el mercado inmobiliario neoyorquino para casas con valor superior a los cinco millones de dólares.


Tecnología: ¿la solución o el problema?

A largo plazo, las perspectivas económicas no son muy esperanzadoras, señaló Reilly, ya que la situación está y seguirá creando algunos problemas sociales. A la clase trabajadora y a la clase media no les está yendo bien, recordó, y todo podría ir incluso a peor si la Internet de las Cosas empieza a reemplazar puestos de trabajo de la misma forma que lo han hecho hasta ahora las tecnologías de la información. La educación es clave para encontrar una solución al problema… pero no será tarea fácil.

“Los vehículos sin conductor harán que los automóviles queden obsoletos dentro de 25 años. ¿Qué sucederá con la gente que se gana la vida conduciendo? Por desgracia, no todos podrán reciclarse en Silicon Valley”.

Como directora general de Industria para Microsoft, Kate O’Sullivan tiene una gran experiencia en el valle californiano. Pero ni siquiera el mayor hub tecnológico del mundo, dijo, es inmune a los problemas que plantean las desigualdades salariales.

“Las personas que trabajan en bibliotecas, escuelas o restaurantes ya no se pueden permitir el lujo de vivir en San Francisco. Así, tienen una hora y media de desplazamiento hasta llegar a su puesto de trabajo. Hay muchas historias de éxito en la ciudad, sí, pero también muchas otras que advierten que las personas con ingresos “normales” acaban siendo “expulsadas” a las afueras.

Aun así, los ponentes se mostraron optimistas ante el hecho de que la tecnología siga siendo una fuerza positiva para el crecimiento. “Las ciudades que han incorporado la tecnología lo han hecho bien”, observó Schmitz, señalando Austin (Texas) y Washington DC como ejemplos a seguir.

Por su parte, el Director General Asociado del IESE, Eric Weber, señaló que podemos aprender una lección importante de las economías emergentes, donde los emprendedores han recurrido a la tecnología para resolver problemas concretos, más que para “crear nuevas necesidades”.

Weber citó el ejemplo de un sistema de pago seguro y accesible desarrollado en Kenia, que reutiliza los sencillos y “no inteligentes” teléfonos Nokia. Este sistema, aseguró, es mucho más pertinente a las necesidades actuales que un sistema más caro y más sofisticado tecnológicamente, como Apple Pay.


¿Un futuro prometedor?

Los panelistas coincidieron en que el crecimiento económico podría ir llegando a medida que la generación del “baby boom” alcance la edad de jubilación. La tasa de natalidad se duplicó en EE. UU. en las dos décadas de prosperidad que siguieron a la II Guerra Mundial, creando un nutrido grupo que ahora está alcanzando los 60 y 70 años de edad, y que está concluyendo su vida laboral. Y al contrario de lo que sucedía con las generaciones anteriores, cuyas pensiones eran administradas por instituciones financieras de terceros, en general los “baby boomers” controlan sus propios fondos, explicó Edward T. Reilly.

Porque tal y como añadió Claire Huang: “En los últimos cinco años, los baby boomers disponían de 20 billones de dólares en activos invertibles, una cantidad superior al PIB de EE. UU. Si podemos comercializar una nueva serie de servicios destinados a ellos y logramos que empiecen a gastar, entonces se volverán a generar puestos de trabajo”.