James Simons: de las semillas de soja a la formación en ciencias

El inversor y filántropo habla en el campus de Nueva York sobre los negocios y la importancia de la formación e investigación científicas

30/10/2017 Nueva York

James Simons | campus de Nueva York | IESE Business School
“Contraté a los mejores y les dejé hacer”, asegura el hedge fund manager, matemático y filántropo James Simons | Foto: Juan Ude

“Semillas de soja. Compre semillas de soja”.

Ese fue el consejo que recibió un recién casado James Simons cuando estaba buscando ideas para invertir de forma provechosa los 5.000 dólares que él y su esposa habían recibido como regalo de bodas, a principios de los años 60. Acabó comprando las semillas, para venderlas después obteniendo un pequeño beneficio.

De lo que Simons no se dio cuenta por aquel entonces fue que las semillas de soja supusieron su iniciación en el mundo del comercio. Eso le llevó a desarrollar una fórmula muy rentable de reconocimiento de patrones para el comercio cuantitativo y a fundar la multimillonaria empresa de gestión de inversiones Renaissance Technologies en el año 1982.

En una reciente conversación con el profesor Bill Baker en el campus del IESE en Nueva York sobre sus inicios en el mundo de la empresa, Simons expuso su opinión en materia de contratación y administración, y explicó los grandes esfuerzos filantrópicos que lleva a cabo para apoyar la educación secundaria y la investigación científica.


Contratar a los mejores y delegar el resto

Simons se dio cuenta bien pronto de que contratar a las personas adecuadas era algo esencial. En 1968, le encargaron crear y dirigir el nuevo departamento de matemáticas de la Stony Brook University de Nueva York. “Así que contraté a los mejores, y les dejé hacer”, explicó.

“Me encanta la selección de personal. Me encanta encontrar a personas que sean buenas en lo suyo”, añadió.

Sea en Stony Brook, en Renaissance Technologies o en la Simons Foundation, que creó junto a su esposa, la doctora Marilyn Simons en 1994, Simons siempre ha creído que “los directivos tienen que contratar a las mejores personas, darles poder y después procurar no microgestionar”.

Pero a la vez que algunos aspectos de la empresa le encantaban –y destacaba en ellos–, otros no eran precisamente su fuerte. “Las tareas administrativas nunca me gustaron”, admitió Simons. “Sencillamente no son lo mío. Así que lo que hice fue identificar a la persona adecuada para gestionar este tipo de tareas”.


Sobre la formación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM)

Su fe en las personas se ve reflejada en los esfuerzos filantrópicos de su fundación en la formación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM, en inglés STEM). En 2004, a través de la Simons Foundation, él y su esposa crearon Math for America para fomentar la contratación, retención, formación y apoyo continuo a los profesores de Matemáticas en la ciudad de Nueva York. Hoy en día, el 10 por ciento de todos los profesores de matemáticas y ciencias de la ciudad forman parte del programa.

“En este país, nuestros hijos no reciben una buena formación en STEM; realmente, en Estados Unidos estamos un paso por detrás”, constató Simons. Como resultado de unos programas escolares bastante pobres en Matemáticas y Ciencias, “nuestros hijos no cursan ingenierías o carreras científicas en la universidad. Y, para mí, eso es sinónimo de fracaso escolar”.

Simons también recordó que, cuando él era niño, los profesores se ganaban bastante bien la vida, pero que hoy en día “ser profesor en Estados Unidos ya no es un trabajo ni bien remunerado, ni muy respetado”.

Esa es la principal razón por la que se creó Math for America. Simons considera que identificando, formando y apoyando a profesores de las disciplinas académicas CTIM, los institutos norteamericanos mejorarán su calidad docente. Y, de hecho, confía en que el Congreso de los Estados Unidos cree un programa nacional de características similares a Math for America.

“He estado hablando con congresistas de todo el país. Si pudiéramos conseguir que el 20% de los profesores de estas áreas académicas en Estados Unidos siguieran un programa como Math for America, eso tendría un coste de unos 2.000 millones de dólares, que no es tanto si lo miramos en su conjunto”.


Financiar las ciencias básicas

La Simons Foundation también invierte alrededor de 400 millones de dólares al año para apoyar a los científicos que investigan los fenómenos naturales básicos del mundo. “Las ciencias básicas son lo que a mí me gusta de verdad”, confesó.

“En la Simons Foundation, tendemos a financiar aspectos de las ciencias naturales que el National Institutes of Health (NIH) no suele costear”, explicó. Por ejemplo, mientras el NIH invierte generosamente en investigaciones sobre el cáncer, resultaría bastante improbable que financie un costoso proyecto de investigación sobre los orígenes de la vida. “Y ese es exactamente el tipo de investigación que queremos apoyar aquí, entre otros. ¿Acaso no todo el mundo quiere saber cómo hemos llegado aquí y de dónde venimos?”, se preguntó.

Además, recientemente, la Simons Foundation se ha embarcado en otro gran proyecto que las instituciones actuales difícilmente podrían llevar a cabo: el Flatiron Institute. El Flatiron Institute es una división interna de investigación de la Simons Foundation, en la que se apoya a los científicos computacionales que abordan cuestiones científicas espinosas de largo plazo, para que no tengan la necesidad constante de solicitar becas o publicar.

Las bases, ya sea en la ciencia o en los negocios, son importantes. Y hay una gran belleza en la, con frecuencia, sorprendente simplicidad de las verdades fundamentales. “Uno de los mejores cumplidos que puede recibir un matemático es que le digan: ‘Oh, esto es hermoso’. Eso es algo que siempre me ha atraído”, explicó Simons. “¿Cuál sería la solución más elegante a este problema? Siempre he pensado en el mundo de los negocios de esta misma forma”.