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El trabajo en equipo empieza en la alta dirección

Descubre las competencias que contribuyen a un mejor funcionamiento de los equipos directivos y al éxito de la empresa en su conjunto.

Ilustración de un grupo de directivos pedaleando juntos en un tándem para tres que asciende un gráfico.
1 de enero de 2014

Por Anneloes Raes 

Pongamos por caso la cúpula directiva de una gran farmacéutica. El equipo se compone de nueve ejecutivos con una sólida experiencia en el área de la que son responsables, ya sea finanzas, una unidad de negocio o una región. Todos tienen una agenda de prioridades relativamente independiente y muy exigente en sus ámbitos respectivos.

La idea de trabajar en equipo es muy buena en teoría, pero poco viable en la práctica, o eso es lo que piensan los miembros de la directiva. ¿Y por qué iba a hacerles falta de todas formas? ¿No corresponde al CEO escuchar a unos y otros, integrar toda la información y tomar la decisión final?

En un entorno estable, este modelo quizás funcione bien. Pero la organización tiene por delante no pocos retos estratégicos: unas patentes clave para su negocio están a punto de expirar, algunos países están llevando a cabo modificaciones regulatorias y las aseguradoras hablan de reformas sistémicas.

Tales desafíos no se pueden afrontar repartiéndolos entre los miembros del equipo. El rendimiento óptimo de la empresa en un entorno turbulento como este requiere el máximo esfuerzo de todos y cada uno de ellos, pero también las sinergias que genera un equipo bien engrasado.

Mi investigación se centra precisamente en comprender cómo los altos directivos pueden desarrollarse y mantenerse de forma sostenida en un equipo de alto rendimiento. Podría parecer que este foco en el trabajo en equipo está reñido con la tan extendida idea de que el liderazgo es un acto individual.

La opinión pública y la prensa económica tratan a los altos directivos como héroes solitarios cuando las cosas van bien y como villanos renegados cuando van mal.

Más que una impresión, es lo que ocurre en realidad. Donald Hambrick, profesor de la Penn State Smeal College of Business, ha señalado acertadamente que en ocasiones los directivos de muchas empresas se comportan como “barones con un alto grado de autonomía” y no como miembros de un mismo equipo.

Craso error, pues los estudios indican que la falta de unidad en los equipos directivos puede tener consecuencias muy graves para la organización. Sin ir más lejos, un empeoramiento de la calidad de las decisiones estratégicas y de los resultados.

Mi investigación muestra que lo contrario también es cierto. Cuando los equipos toman medidas concretas para desarrollar ciertas competencias, el efecto puede ser muy positivo, como el aumento de la energía productiva de la organización y, por ende, del bienestar de los empleados.

Esquema que ilustra cómo una cúpula directiva cohesionada tiene beneficios para el funcionamiento global de una empresa.

¿Qué competencias de la alta dirección cohesionan una empresa?

¿Tiene la cohesión del equipo directivo implicaciones para los empleados? Con esta pregunta arrancó un proyecto de investigación que realicé conjuntamente con Simon B. de Jong, de la Universidad de Bath (Reino Unido), y Heike Bruch, de la Universidad de St. Gallen (Suiza). En nuestro estudio participaron 191 altos directivos y 5.048 empleados de 63 pymes.

Habrá quien diga que lo que pasa en las reuniones de la cúpula directiva no es asunto de los empleados rasos. De hecho, estos no suelen ver si la dirección funciona como equipo o no. Puede que incluso no parezca importarles el comportamiento de sus directivos, tan alejados como están de su quehacer diario. Pero no es cierto. El comportamiento de los equipos directivos se filtra, y a los empleados les interesan, y mucho, las noticias y rumores que circulan por los pasillos. Dado que el trabajo en equipo es una parte tan esencial del diseño y la cultura de las empresas modernas, esperábamos que los empleados fueran muy receptivos a la cohesión de la directiva y les sirviera de modelo para su propio comportamiento.

Lo que observamos es que cuando un equipo directivo exhibía una gran cohesión, los mandos intermedios y otros empleados mostraban más entusiasmo por su trabajo, podían concentrarse mejor y colaboraban más entre ellos. En definitiva, estas empresas tenían un nivel más alto de energía productiva, que otras investigaciones han vinculado directamente con un mayor rendimiento de las organizaciones.

Así, aunque sean pocos los empleados que tienen contacto directo con el equipo directivo, el comportamiento de este trasciende a toda la organización. Lo que empieza como la opinión de unos cuantos puede contagiarse rápidamente e influir en el comportamiento colectivo.

Por tanto, el grado en que los equipos directivos formen un frente común puede repercutir enormemente en el ambiente de trabajo. Determina si los mandos y empleados de los niveles inferiores colaboran entre ellos, funcionan bien como equipo, se expresan abiertamente y tienen claro qué es lo que hay que hacer.

Cuando la opinión de los empleados respecto al equipo directivo es positiva, aumenta su capacidad de concentración, dedican más energía a pensar de manera constructiva, experimentan menos dificultades a la hora de solucionar problemas y, en general, se sienten más animados con su trabajo.

A la inversa, los equipos directivos que no están cohesionados o son incongruentes sus - citan sentimientos negativos, como frustración, irritación e indignación por su falta de unidad, sentimientos que no hacen sino exacerbarse cuando los mensajes que envían son contradictorios.

Inevitablemente, los empleados empezarán a ver conflictos entre los múltiples objetivos establecidos. Al final, reinará la confusión y no sabrán cuáles son los más importantes ni qué han de hacer para alcanzarlos. El resultado es una colosal pérdida de tiempo y energía, malgastados en conjeturar cuál es, en realidad, el rumbo que quiere tomar la alta dirección.

Así pues, la unidad no solo es importante para el buen funcionamiento del equipo directivo, sino también para el éxito operativo de toda la empresa. En nuestro estudio hemos identificado tres competencias que le ayudarán a conseguirla.

1. Actitud colaborativa

Los equipos directivos que comparten abiertamente información y opiniones y trabajan colectivamente rinden más que los que no lo hacen. Numerosos estudios avalan el hallazgo de que la cohesión tiene repercusiones importantes en la calidad de las decisiones, así como en el rendimiento de la organización.

Se debe alentar el intercambio franco de información y opiniones en el seno de la cúpula directiva. De lo contrario, sus miembros operarán en compartimentos estancos sin apenas contacto o intercambio de información. También existe el riesgo de que se dediquen al politiqueo para influir en las decisiones, con lo que impedirían una verdadera colaboración.

Anneloes Raes

Profesora y directora del departamento de Dirección de Personas en las Organizaciones. Sus áreas de investigación incluyen los equipos de alta dirección, el trabajo en equipo, la autogestión y el liderazgo.