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Has adquirido una tecnología. ¿Y ahora qué?

Licenciar, retener o vender: tu decisión tras adquirir una tecnología marcará si se convierte en una ventaja competitiva o una oportunidad perdida.

Vista de un globo aerostático retenido por unas cuerdas
1 de septiembre de 2025

Por Thomas Klueter, Solon Moreira y Clinton Ofoedu

Entre 2000 y 2024, la farmacéutica suiza Roche compró más de 32 startups tecnológicas para apuntalar sus esfuerzos en I+D con nuevas capacidades clave. Se trata de un paso estratégico que con frecuencia dan los grandes actores del sector, como Cisco, Qualcomm e IBM. Su objetivo es añadir conocimiento técnico, propiedad intelectual e innovaciones punteras a sus portafolios para mantener una ventaja competitiva en sus respectivos campos.

Sin embargo, las adquisiciones también plantean retos bien documentados. De hecho, la ampliación del portafolio abre la puerta a una serie de nuevos desafíos. Por eso, los directivos deben determinar el mejor plan de acción para las tecnologías recién adquiridas y decidir cuáles retener, desarrollar o restructurar. Además, es posible que las firmas adquiridas tengan proyectos de I+D, tecnologías y especialistas solapados, lo que plantea dificultades de integración y coordinación. Allí donde se dan redundancias e ineficiencias, los directivos han de encontrar formas de mitigarlas. Si no gestionan bien estas transiciones, las empresas pueden malgastar recursos y erosionar su ventaja competitiva. No es de extrañar, por tanto, que las adquisiciones exhiban una tasa de fracaso de entre el 70% y el 90%.

Para que una adquisición tecnológica aporte valor y ventaja estratégica, debes aprender cuál es la mejor manera de gestionar este proceso.

Equilibrio estratégico: invertir, desinvertir o reconfigurar

Integrar nuevos recursos en los portafolios exige renuncias. Para empezar, la atención de los directivos es limitada, lo que hace inviable abordarlo todo al mismo tiempo, especialmente cuando la adquisición incorpora nuevos proyectos de I+D. Para evitar una cartera sobredimensionada y contener el alcance de las inversiones en tecnologías y aplicaciones, las empresas pueden verse obligadas a cancelar proyectos o desinvertir en activos que ya no consideran estratégicos, incluso si ello conlleva un coste financiero o de gestión relevante.

La I+D es, por definición, una actividad incierta. El riesgo de descartar activos es que, con el tiempo, se revelen muy valiosos. Un ejemplo clásico es Xerox, una compañía históricamente activa en adquisiciones que, aunque retuvo algunas tecnologías, se deshizo de Adobe y 3Com, decisiones que, en retrospectiva, resultaron estratégicamente costosas.

La reconfiguración es una alternativa a la desinversión. En lugar de restar recursos, las empresas pueden sumarlos reconfigurando estratégicamente los adquiridos con los que ya tienen. Pero el riesgo persiste: ¿y si el camino por el que se aventuran acaba siendo un callejón sin salida?

Las licencias como solución

Thomas Klueter

Profesor de Iniciativa Emprendedora y Análisis de Situaciones de Negocio en el IESE. Su investigación se centra en la intersección entre la innovación y la iniciativa emprendedora estratégica, en particular en el ámbito tecnológico.