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El ‘pricing’ basado en datos: cómo optimizar beneficios sin perder los valores

La fijación de precios puede ser una fuente de ventaja competitiva si entiendes lo esencial y eres tú quien gestiona bien los datos y la tecnología, no al revés.

Usuario agendando un Uber en una noche de lluvia
17 de abril de 2026

Por Mihalis G. Markakis

Nos ha pasado a todos. Pides un Uber un día de lluvia y te marca hasta el doble del precio que pagaste por el mismo trayecto hace dos días cuando lucía el sol y apenas había tráfico. Buscas un regalo de Navidad en Amazon y descubres que el precio que viste el sábado ya no es el mismo el martes. Miras billetes de avión para el verano, cada vez quedan menos plazas en el vuelo que quieres y el precio no para de subir.

Son ejemplos cotidianos del pricing basado en datos, es decir, cuando las empresas se valen del poder de los datos y de la analítica avanzada para establecer y actualizar precios de manera táctica y dinámica, en línea con la estrategia global de la compañía.

La fijación de precios ya no se limita al cálculo de márgenes y el análisis comparativo de la competencia. Los macrodatos, las tecnologías de la información y la inteligencia artificial han revolucionado todo el proceso. Cada vez más, la rentabilidad y la ventaja competitiva provienen de una optimización de precios que hacen posible las perspectivas granulares extraídas, en tiempo real y sobre el terreno, del análisis de datos.

Este artículo explica, desde un punto de vista práctico, qué debes tener en cuenta a la hora de introducir en tu negocio la fijación de precios basada en datos: cómo sacarle el mayor partido a esta potente herramienta para mejorar la rentabilidad y el desempeño.

Cómo empezó todo: el despegue de la gestión de ingresos

En ciertos aspectos, la fijación de precios basada en datos no difiere de los demás procesos de toma de decisiones empresariales. La cúpula directiva marca el rumbo de la estrategia de precios a partir de los objetivos de la compañía a largo plazo. Alineados con esos objetivos, los jefes de las unidades de negocio deciden qué tácticas de precios utilizar según los segmentos de mercado y las curvas de demanda elegidos. Por último, los equipos de los departamentos ejecutan esas tácticas en las operaciones diarias y ajustan los precios en función de lo que indican los análisis de datos.

Con todo, hay diferencias notables. Para entender cuáles son, conviene remontarse a los orígenes de esta práctica.

En los años ochenta, la desregulación del sector aéreo en Estados Unidos alumbró una nueva compañía de bajo coste llamada People Express (similar a las actuales Ryanair o EasyJet), que creció muy rápido. Sus tarifas más baratas pusieron en jaque a las aerolíneas tradicionales.

En respuesta, el CEO de American Airlines, Robert Crandall, introdujo una tarifa súper económica para llenar los aviones que operaban por debajo de su capacidad. Hasta entonces, esto no había sido motivo de preocupación, pues volar se consideraba en gran medida un lujo que pagaban los viajeros de negocios que reservaban a última hora. Pero People Express reveló un nuevo segmento de mercado: los viajeros sensibles al precio, como los universitarios que volvían a casa o quienes viajaban por ocio el fin de semana. Por eso, además de rebajar un número determinado de billetes en sus vuelos, American Airlines los puso a disposición únicamente de quienes pasaban la noche del sábado fuera y reservaban con mucha antelación; con ello, apuntaba directamente al mismo segmento de mercado de People Express.

American Airlines tenía otro as bajo la manga: el uso estratégico de Sabre, un sistema informático de reservas de vuelos en tiempo real. La respuesta de Crandall a la amenaza de People Express no fue convertir American Airlines en otra compañía de bajo coste, sino calcular, con la ayuda de los datos de Sabre, cuántos billetes se vendían por tarifa y asegurarse de reservar los suficientes billetes de clase Business para compensar con creces los de bajo coste.

Gracias a un uso inteligente de los datos, American Airlines logró controlar el número de billetes que se ofrecían a distintos precios, así como volar a plena capacidad. Con ello, aumentó sus márgenes de beneficio, además de devolverle la jugada a People Express al atraer a sus clientes, que podían disfrutar de tarifas más bajas y de una experiencia a bordo muy superior al servicio sin lujos de la rival.

En 1985, ante las dificultades económicas que atravesaba, People Express intentó desesperadamente dar un giro e incorporó una sección de primera clase para atraer a los viajeros de negocios, pero sin éxito. La compañía fue vendida en 1987. Su CEO admitiría más tarde que no había comprendido tan bien como Crandall el arte de la gestión de ingresos (por entonces denominada gestión del rendimiento).

De este caso empresarial nació el pricing moderno basado en datos. La gestión de ingresos, parecida a la que he descrito aquí, es hoy una táctica común, en parte porque la herramienta que la hizo posible en los ochenta –un potente sistema informático repleto de datos valiosos– ya no es algo único sino ubicuo, con conjuntos de datos aún más enriquecidos al alcance de todos.

Los pilares del éxito de la fijación de precios basada en datos

Esta historia de éxito muestra una senda alternativa hacia la rentabilidad a través de los precios. Aunque todas las decisiones empresariales tienen por objetivo crear algún tipo de valor, las de precios, bien concebidas, pueden captar una mayor parte de ese valor y desbloquear, además, un valor completamente nuevo.

Pero las decisiones de precios requieren activar palancas distintas de las habituales: la reducción de costes, el benchmarking de mercado (estudio comparativo) y cobrar más a los clientes que ya tienes, y hacerlo de manera uniforme. Si American Airlines se hubiera limitado a ajustar sus precios para igualar los de People Express o situarlos por debajo, o a redoblar su apuesta por sus propios viajeros de negocio, probablemente se habría quedado atrapada en una guerra de precios y habría perdido la oportunidad de captar valiosos segmentos de clientes aún sin explotar.

En vez de ello, descubrió nuevas y lucrativas oportunidades para crear y captar valor. Lo hizo gracias a cuatro ingredientes esenciales que siguen siendo válidos hoy:

Sensibilidad al precio

Capacidad

Riesgo

Mihalis G. Markakis

Profesor de Operaciones, Información y Tecnología en el IESE. Sus áreas de investigación son la gestión de la cadena de suministro, el transporte y la logística y la gestión de precios e ingresos.