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Cómo preparar el sistema sanitario para vivir más y mejor

El envejecimiento obliga a acelerar la transformación de la sanidad y los cuidados hacia sistemas capaces de responder al nuevo escenario demográfico.

Cuidadora y paciente sonrientes
1 de enero de 2026

Por Núria Mas

El envejecimiento progresivo de la población combinado con un aumento sostenido de la esperanza de vida plantea un doble desafío para las economías avanzadas de todo el mundo, especialmente en Europa, donde los estados de bienestar ofrecen una cobertura sanitaria universal.

Por primera vez en la historia reciente, el número de personas mayores de 50 años supera ya, en muchos casos, al de las generaciones más jóvenes. Este cambio demográfico conlleva profundas implicaciones sociales y económicas, y obliga a repensar tanto el mercado laboral como las políticas sanitarias, desde cómo cuidamos a los demás hasta cómo queremos ser cuidados en la vejez.

Prepararse para esta transición exige comprender a fondo los retos y desarollar soluciones innovadoras para afrontarlos.

Ante un cambio demográfico con impacto económico

Según el Informe sobre el envejecimiento 2024 (Ageing Report 2024) de la Comisión Europea (el más reciente disponible, que se actualiza cada tres años), la proporción de personas de 65 años o más pasó de representar el 16% de la población europea en 2004 al 22% en 2024. En el mismo período de dos décadas, el segmento de mayores de 80 años creció del 3,8% al 6,1%. Paralelamente, las tasas de natalidad están disminuyendo, lo que reduce la población en edad de trabajar justo cuando las necesidades fiscales y asistenciales se intensifican.

Este cambio demográfico queda reflejado en la tasa de dependencia de la UE, que mide la proporción entre la población de edad avanzada y la población activa. En 2022, por cada persona mayor de 65 años había 3 en edad de trabajar; según las proyecciones, en 2045 habrá menos de 2.

El Informe sobre el envejecimiento 2024 también señala que los costes fiscales totales relacionados con la edad en la eurozona, medidos como porcentaje del PIB, aumentarán del 25,1% en 2022 al 26,5% en 2070. Este incremento estará impulsado íntegramente por el aumento del gasto en sanidad y cuidados de larga duración.

Sin embargo, muchos países aún destinan más recursos al servicio de su deuda pública que a la sanidad o la educación. Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la deuda pública mundial alcanzó un máximo histórico de 102 billones de dólares en 2024.

A todo ello se suman las obligaciones futuras no financiadas, como las promesas de pensiones públicas y los cuidados de larga duración. En una veintena de países de la UE, el valor de estos derechos de la seguridad social equivale a entre el 200% y el 400% del PIB anual, y supera el 500% en el caso de España. Aunque técnicamente no computan como deuda pública, estos compromisos condicionan el margen presupuestario de los Estados.

Con una parte significativa de los profesionales en activo a punto de jubilarse en la próxima década, la presión para rediseñar la prestación sanitaria se intensifica. La demanda de atención alcanzará niveles sin precedentes en muy poco tiempo.

¿Puede la tecnología ser la solución?

La innovación tecnológica, especialmente la que involucra inteligencia artificial (IA), desempeñará sin duda un papel fundamental en lo que se ha denominado economía de la longevidad. El uso de la telemedicina ya se ha generalizado desde la pandemia de COVID-19, pero también estamos asistiendo a la aparición de robots cuidadores de personas mayores, ya lejos de ser ciencia ficción. Se prevé que este mercado supere los 10.000 millones de dólares en 2035.

Japón, el país con la mayor proporción de personas de 65 años o más, avanza decididamente en el desarrollo de robots humanoides para atender a su creciente población anciana, ante la simple falta de trabajadores cualificados para cubrir la demanda. El director de un centro de cuidados nipón afirmó que “la tecnología es nuestra mejor oportunidad para evitar” lo que describió como un futuro “desolador”.

No obstante, los robots asistenciales carecen aún de confianza social, un factor que la Comisión Europea considera imprescindible para los sistemas de IA, especialmente cuando se aplican en entornos clínicos. Un estudio de 2024 reveló que, aunque la mayoría de los ciudadanos europeos se muestran receptivos al uso de robots en entornos sanitarios, rechazan que tomen decisiones médicas, asuman tareas de triaje o gestionen datos personales sensibles.

Es un recordatorio de que, aunque la tecnología ofrece soluciones prometedoras a los retos demográficos, no es –ni puede ser– la única respuesta.

La importancia de profesionalizar el sector asistencial

La calidad del cuidado depende, en esencia, de quienes lo proporcionan: de su formación, sus condiciones laborales y su capacidad de generar confianza con quienes atienden.

Sin embargo, el cuidado profesional sigue siendo un sector infravalorado. La alta rotación laboral, los bajos salarios y el escaso reconocimiento socavan la continuidad y calidad asistencial. Según un estudio de mi colega del IESE Marta Elvira, cuando los cuidadores cuentan con formación adecuada, un trabajo que les permita desarrollarse y un entorno que lo valore, mejora tanto su propio bienestar como el de sus pacientes. Profesionalizar la atención, establecer trayectorias profesionales claras y garantizar condiciones laborales estables no son lujos, sino requisitos indispensables para un sistema de cuidados sostenible.

Una pieza clave de este engranaje es la inmigración. En muchos países europeos, una parte significativa del trabajo de cuidados recae en trabajadores migrantes, que cumplen un papel imprescindible en hogares, residencias y servicios domiciliarios. Sin embargo, otro estudio de Elvira pone de relieve que los migrantes siguen encontrándose con brechas salariales y barreras de integración que limitan su potencial. En un contexto de creciente escasez de mano de obra, no reconocer –o no facilitar su integración en el sector– pone en riesgo la capacidad del sistema para responder al envejecimiento de la población.

El reto de la cronicidad en una población longeva

A medida que aumenta la longevidad, también lo hace la complejidad clínica. Según la OCDE, más del 80% de los usuarios de atención primaria mayores de 45 años viven con al menos una enfermedad crónica, y más de la mitad padece dos o más. La combinación de envejecimiento y cronicidad plantea un reto inmediato: ¿cómo ofrecer una atención continua en sistemas sanitarios diseñados para intervenciones breves y episódicas?

1. Usar indicadores válidos y compartidos

2. Crear empleo de calidad y legitimado en el sector de los cuidados

3. Alinear incentivos para fomentar mejores resultados

4. Fomentar la colaboración público-privada

5. Situar al paciente en el centro

Núria Mas

Profesora del IESE y titular de la Cátedra Jaime Grego de Global Healthcare Management.