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Larga vida a las pensiones: reformas eficaces para un sistema equitativo

Cómo reformar las pensiones para que sean sostenibles, justas y políticamente viables en una Europa que envejece.

Pareja de espaldas paseando por la playa.
1 de enero de 2026

Por Javier Díaz-Giménez

Las pensiones son uno de los pilares más sólidos del Estado del bienestar europeo. Sin embargo, su estabilidad se enfrenta a tres desafíos profundos: nacen menos niños, vivimos más años y los mercados laborales ya no garantizan carreras largas y continuas. Los sistemas actuales –diseñados para sociedades jóvenes, con empleo estable y contribuciones sostenidas– deben adaptarse a este nuevo entorno.

Para asegurar su sostenibilidad, algunos Estados, como Países Bajos –que lidera el Índice Global de Pensiones 2025 de Mercer y el CFA Institute– y Suecia –en la sexta posición– han introducido reformas que combinan disciplina fiscal, reglas transparentes y una comunicación clara con la ciudadanía. Sus avances demuestran que, además del diseño técnico, es imprescindible generar confianza en el sistema.

El ejemplo de Francia es ilustrativo. En octubre de 2025, el Gobierno suspendió una reforma –a todas luces imprescindible– que elevaba la edad de jubilación de 62 a 64 años, tras protestas multitudinarias y bloqueos parlamentarios. La lección es evidente: las reformas de los sistemas de pensiones no fracasan por motivos económicos, sino porque la sociedad no los percibe como justos.

Los factores que cuestionan la sostenibilidad de las pensiones

La sostenibilidad de las pensiones está condicionada por dos tendencias principales: los cambios demográficos y los cambios económicos.

  • Envejecimiento. En las economías avanzadas –desde Europa hasta Norteamérica y Oceanía– la esperanza de vida ha aumentado, pero el número de cotizantes por cada pensionista ha disminuido. En el Reino Unido, la duración media de la jubilación ha pasado de 10,8 años en 1950 a 20 años en 2004. Además, el número de años trabajados por cada año de jubilación se ha reducido de 5 a 2,4. En países como Bélgica o Luxemburgo, esa ratio ya ronda 1,5. En el caso de España, la generación del baby boom está empezando a jubilarse. La cohorte más numerosa, nacida en 1977, cumplirá 67 años –que es la edad normal de jubilación– en 2044.
  • Caída de la renta laboral. La renta laboral –la parte del PIB que proviene del trabajo y que sirve de base para calcular cotizaciones sociales– ha perdido peso en las últimas décadas. En España, en los años noventa representaba el 55% del PIB y en 2025 ronda el 50%. Las razones principales son la automatización y la digitalización, que concentran las rentas en el capital y reducen la participación del trabajo en la creación de valor. Y cuando disminuye la participación de los salarios en la renta, también disminuye la financiación del sistema de pensiones.

Frente a estas presiones demográficas y económicas, ¿qué papel desempeña la migración? La llegada de inmigrantes suficientemente cualificados permite ampliar la base de cotizantes, además de contribuir a compensar la baja natalidad y a financiar la longevidad, pero tal vez no sea la solución definitiva. Como señala el economista Joan Monràs, muchos jóvenes migrantes no se quedan en España de forma permanente o trabajan en condiciones irregulares, por lo que su aportación al sistema es limitada. En esta línea, se estima que en España –que es el país europeo que recibe más inmigrantes en términos netos–, a partir de 2029, la inmigración no será suficiente para evitar el descenso de la población en edad de trabajar, según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). Por eso, una vez más, es tan necesaria una reforma estructural de las pensiones.

1. Aplicar mecanismos de ajuste automático

2. Combinar reparto con ahorro

3. Aumentar la equidad contributiva

4. Separar las contingencias comunes

5. Asegurar la viabilidad política de las reformas

La jubilación, a revisión

Javier Díaz-Giménez

Profesor de Economía y titular de la Cátedra Cobas AM sobre Ahorro y Pensiones en el IESE.