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Dimensión humana del trabajo: la prueba de fuego de la IA

¿La inteligencia artificial fortalece o destruye las relaciones humanas que dan sentido al trabajo? Así puedes decantar la balanza.

1 de septiembre de 2026

Por Carlos Rodríguez-Lluesma

Una empresa acaba de implantar la IA generativa en su servicio de atención al cliente. A primera vista, parece lógico, pues las consultas se resuelven con más rapidez. Sin embargo, la calidad del servicio se resiente: las interacciones son más eficientes, pero también menos personales. El tiempo ahorrado pasa a destinarse a un mayor número de tareas derivadas del creciente volumen de datos que generan los clientes. Los empleados se han liberado de parte de sus anteriores rutinas, pero les cuesta encontrar sentido a sus nuevas funciones.

Situaciones como esta empiezan a darse en muchas organizaciones que adoptan la IA generativa guiadas por la rapidez, el coste y la productividad. Pero el trabajo, lejos de reducirse a esos factores, también comprende dimensiones como la agencia o autonomía humana, el propósito compartido, el trabajo en equipo o la dignidad, tanto la innata a la persona (ontológica) como la social, expresada en la calidad y las condiciones de trabajo y en el respeto que este otorga a las personas. Los directivos deben tenerlas en cuenta antes de implantar sistemas capaces de transformar –o debilitar– los aspectos relacionales del trabajo que nos mueven a levantarnos cada mañana, más allá del sueldo.

Este artículo propone un marco para evaluar cómo la adopción de la IA afecta a las relaciones humanas en el trabajo. Por inevitable que parezca el despliegue de esta tecnología, sus consecuencias no lo son. Que sirva de ayuda o sea un obstáculo dependerá, entre otros factores, de las decisiones directivas.

Giulio Maspero e Ilaria Vigorelli, ponentes de la conferencia Dignity at Work del IESE, abordaron esta cuestión a partir de los términos latinos limes y limen. Del primero, que designa un límite o una frontera, proceden palabras como “límite” y “limitación”. Limen, en cambio, significa “umbral”. También marca una frontera, pero, como ocurre con el adjetivo “liminar”, alude más bien a un espacio de transición entre un lugar y otro.

Esta distinción es útil para entender la relación entre tecnología y trabajo. La IA puede actuar como barrera para el trabajo relacional. Sin embargo, bien gestionada, puede convertirse en un umbral hacia formas de trabajo más humanas, abriendo la puerta a una mayor confianza recíproca, vínculos sociales más profundos y logros compartidos.

Veamos cómo.

Los riesgos deshumanizadores de la IA

Cuando se aplica con criterio, la IA puede mejorar la vida de los trabajadores, eliminando tareas repetitivas y permitiéndoles una mayor flexibilidad y autonomía para organizar su tiempo y aportar lo mejor de sí mismos. Sin embargo, esta misma tecnología también puede acentuar las tendencias deshumanizadoras ya presentes en el trabajo moderno. La sustitución de empleos es quizá el primer riesgo que viene a la mente, pero hay otros:

Carlos Rodríguez-Lluesma

Profesor de Dirección de Personas en las Organizaciones en el IESE. Es experto en desarrollo personal, equipos virtuales y el impacto de la tecnología en el trabajo y las organizaciones.