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Qué aprender de los grandes artistas para ser un gran líder

Visión a largo plazo, capacidad de inspirar, audacia para imaginar proyectos imposibles… El arte y la dirección de empresas tienen mucho en común. Así se lidera con arte.

Bosque mineral (2025), de Cristina Iglesias, en La Pedrera, de Antoni Gaudí.
1 de septiembre de 2026

“¿Qué tienen en común los grandes líderes y los grandes artistas?” La pregunta la formuló Nancy Adler, artista y profesora emérita en la Universidad McGill, ante directivos y futuros líderes en la conferencia “Building Bridges in a Fragmented World Economy”, celebrada en el campus del IESE en Barcelona en abril de 2026. Su respuesta: “Comparten tres cosas fundamentales: el coraje de ver la realidad tal como es, el coraje de imaginar posibilidades y el coraje de inspirar”.

Apenas un mes antes, la escultora española Cristina Iglesias estuvo en el mismo campus como ponente de la conferencia Dignity at Work  con una convicción no exenta de coraje: “No hay que esperar al reconocimiento externo para hacer un buen trabajo”.

Esa capacidad de ver, imaginar e inspirar que describe Adler y que Iglesias practica desde la humilde excelencia encuentra su encarnación más visible en la Sagrada Familia, de Antoni Gaudí. El templo acapara este año todas las miradas por una confluencia extraordinaria: el centenario de la muerte de su arquitecto, la coronación de la última de sus torres, la visita del Papa León XIV para bendecirla y la elección del artista que materializará la Fachada de la Gloria –la gran obra aún inconclusa–, para la que Iglesias figura entre los tres finalistas. “La Sagrada Familia enseña a los directivos a impregnar sus proyectos de visión, misión e innovación”, resume el profesor del IESE Yih-Teen Lee.

Eso es precisamente lo que el arte lleva siglos demostrando. ¿Qué lecciones ofrece al liderazgo?

El coraje de ver la realidad sin autoengaños

¿Qué no estás viendo en tu organización ni en el entorno en el que compites? El primer atributo que comparten líderes y artistas es la capacidad de ver la realidad tal como es, “no como uno desearía que fuera ni cómo teme que es”, señala Adler. Para entrenar esa mirada, propone ser “ecléctico”: ampliar el abanico de datos “para generar ideas radicalmente distintas, aunque parezcan absurdas”.

Nancy Adler en el campus del IESE en Barcelona

Nancy Adler durante su ponencia sobre cómo encontrar la belleza en un mundo fracturado en el campus del IESE en Barcelona en abril de 2026. © Roger Rovira

Adler lo ilustra con un experimento puesto en marcha en los años noventa en Yale. Un grupo de estudiantes de medicina asistió a un curso de historia del arte para aprender a analizar pinturas. Después mostraron una mayor capacidad de observación, formularon más preguntas y realizaron diagnósticos más precisos que los compañeros que no tomaron ese curso, y que actuaban como grupo de control. La conclusión de Adler es contundente: “Estar abierto a una amplia gama de aspectos potencialmente relevantes te ayuda a percibir más cosas. Hay que ser lo bastante humilde para aceptar que no lo sabes todo y lo bastante curioso para seguir buscando”.

En el IESE, un razonamiento similar llevó al profesor Marc Badia y Júlia Gifra a incorporar las humanidades en el programa de MBA. “Las humanidades ayudan a pensar de manera más crítica, creativa e integral en un entorno cada vez más complejo y cambiante”, constatan.

Ver la realidad con precisión implica no caer en la trampa de falsearla. Para ello, Adler propone formularse dos preguntas:

  • ¿Qué falsedades cómodas mantienes en tu empresa?
  • ¿Qué verdades incómodas callas por miedo?

El siguiente paso es lo que llama “desviación positiva”: trasladar lo que ocurre en los márgenes –los valores atípicos muy por encima de la media– hacia la norma. Yale lo hizo al institucionalizar su Programa de Humanidades en Medicina, que hoy se replica en numerosas facultades de medicina punteras.

Un Rothko entre estudiantes de Medicina