El poder del liderazgo positivo

Contar con empleados comprometidos constituye un activo clave para cualquier organización e implica contar con una ventaja fundamental a la hora de participar en un mercado tan competitivo como el de hoy en día. Según demuestran numerosos estudios, las empresas con equipos que trabajan a gusto obtienen mejores resultados en cuanto a ingresos, fidelidad de los clientes, rendimiento bursátil y reputación corporativa. Además, registran un menor absentismo laboral y menos incidentes de seguridad y deficiencias de calidad. 

La importancia del compromiso de los empleados es incuestionable y, sin embargo, la mayoría de las empresas aún no alcanzan sus objetivos a la hora de inspirar y unir a sus equipos. A nivel mundial, solo el 15% de los trabajadores entran en la categoría de comprometidos, según la encuesta más reciente de Gallup. En consecuencia, el 85% de los empleados tienen una actitud y un comportamiento que los califica como no comprometidos. De ellos, aproximadamente el 25% pueden definirse como “activamente desvinculados, afectando así a la actividad de la compañía al contagiar su negatividad y descontento entre sus compañeros.  

El liderazgo positivo puede ayudar a las organizaciones a levantar la moral de los empleados 

Aunque hay diferencias entre regiones, la baja moral de los empleados es un problema a nivel mundial que tiene un impacto directo en los resultados. En la encuesta de Gallup de 2020, Estados Unidos y Canadá encabezan la lista con un 35% de trabajadores comprometidos, mientras que China y Hong Kong ocupan el último lugar con un desalentador 2%. En este marco de malestar generalizado de los empleados, ¿qué pueden hacer las empresas para motivar a los equipos? SegúKim Cameron, titular de la Cátedra William Russell Kelly de Management y Organizaciones en la Ross School of Business de la Universidad de Michigan, la clave está en el liderazgo positivo.  

En nuestra investigación sobre los efectos de la reducción de personal de las empresas en la moral de los empleados, llegamos a una conclusión importante: todas las compañías que prosperaron ejercieron un liderazgo positivo, explica. En este sentido, la principal responsabilidad de un líder es contribuir al desarrollo de una organización en la que sea cil ser solidario. Cuando las empresas ponen en práctica la bondad, la compasión y la amabilidad, los datos son muy claros: el rendimiento de la organizaciómejora.  

Los líderes positivos alientan a los directivos a aprovechar los puntos fuertes de las personas

El liderazgo positivo no implica una falsa positividad” ni pasar por alto un desempeño mediocre. Más bien, insta a los directivos a potenciar los puntos fuertes de las personas y a crear un entorno en el que los miembros del equipo sientan que su trabajo tiene sentido. Esto es lo contrario del enfoque convencional que consiste en centrarse en los puntos débiles o en las áreas de crecimiento de los empleados.   

Según el profesor Alberto Ribera, del departamento de Dirección de Personas en las Organizaciones del IESE, el liderazgo positivo tiene como punto de partida el fomento de una cultura basada en la confianza, la transparencia y el respeto a los empleados: “Es fundamental que las empresas generen una sensación de seguridad psicológica en la que los miembros del equipo se sientan libres de expresar sus opiniones y cometer errores sin miedo a las represalias. Las empresas que adopten este enfoque se hallarán en una posición mucho mejor para prosperar y mantener sus resultados en el tiempo.  

Si quieres obtener nuevas estrategias para mejorar el rendimiento de la organización, infórmate sobre el programa Become a Positive Leader to Accelerate Positive Change. Impartido conjuntamente por el IESE y la Ross School of Business de la Universidad de Michigan, este programa va dirigido a profesionales de recursos humanos, directivos que se encuentren en un proceso de cambio o de transformacióen su carrera y líderes que aspiren a desarrollar equipos creativos, comprometidos y productivos.  

Los programas directivos del IESE han evolucionado para atender a estas nuevas necesidades y conocimientos, pero también, para formar en un liderazgo más ético y comprometido, que tome en cuenta aspectos como la responsabilidad social corporativa o la inclusión. 

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