¿Eres un jefe o un líder?

No. No es lo mismo. Mandar es una cosa y liderar es otra muy distinta. Para la primera solo hacen falta jerarquía, galones y ganas de cumplir objetivos. Para la segunda necesitas muchísimo más. 

La productividad, la satisfacción y la fidelidad de los equipos están sólidamente ligadas a la capacidad de los jefes de inspirar, motivar y contagiar pasión a sus colaboradoresEn definitiva, los grandes jefes son grandes líderes y tú puedes convertirte en uno de ellos.  

Líder o jefe. 4 diferencias 

Si quieres que tu equipo produzca más, sea más feliz, se comprometa más con el proyecto y dure más años en la empresa, tienes que ser algo más que un jefe. Y la única forma de conseguirlo es que aprendas a identificar los cuatro rasgos que distinguen mandar de liderar:  

Ser líder es saber comunicar 

Liderar es en gran medida movilizar, influir y orientar a otros profesionales hacia la mejora continua y la consecución de objetivos ambiciosos. Por eso, los líderes son extraordinarios comunicadores. Y aquí no hablamos solo de discursos en ocasiones señaladas. Hablamos de humildad, de empatía y de un contacto diario y cercano.    

El liderazgo se basa en la confianza 

Un jefe que va a todas las reuniones y que tiene que estar en todo no es un buen líder. Y no solo porque no sepa delegar. Eso, por supuesto, crea ineficiencias y fricciones. El mayor problema es que sus subordinados no sientan que se confía en ellos. Porque cuando crees que no confían en ti, pierdes interés, motivación y puedes llegar a dudar de tu capacidad.  

Un buen líder es empático  

Un líder ve y trata a los miembros de su equipo como seres humanos completos, no como meros trabajadores. De ahí la importancia de la inteligencia emocional y de comprender las dificultades personales que puedan reducir, provisionalmente, el rendimiento del equipo. Los profesionales más talentosos se comprometen de lleno con los proyectos porque recuerdan cómo se comprometieron sus jefes con ellos y con sus compañeros.   

Liderar es ser honesto 

La honestidad es un valor fundamental para cualquier líder. Los mejores líderes dirigen desde la franqueza, desde una visión estratégica clara y desde el reconocimiento a los méritos de sus empleados. Los líderes cumplen lo que prometen siempre que pueden y, cuando no pueden, lo explican. No les da miedo admitir que hay factores que escapan a su control; esa es una de las pruebas de su humildad.   

El impacto del buen liderazgo 

Hay muchas historias que ejemplifican qué significa ser un líder y qué huella pueden llegar a dejar en sus equipos. 

Raúl Bartolomé recuerda cómo Jesús Luis Yu, su jefe, le animó a asistir él solo a una reunión de primerísimo orden. Había que avanzar en un proyecto importante y simplemente le dijo: “Tú vales mucho y lo puedes llevar a cabo Y así fue.  

Carlos López explica cómo Javier Ventura-Traveset no deja pasar nunca la oportunidad de reconocerle cada buena decisión. Así han construido un vínculo basado en un afecto sincero y honesto.  

Ana Navas destaca los consejos que recibe de su jefa, Ana López Ranz, para seguir creciendo profesionalmente todos los días. Sabe lo que espera de ella y que puede contar con su apoyo, su complicidad y su entusiasmo para conseguirlo. Y no solo en el trabajo.    

Porque nada empieza y acaba sencillamente en la oficina. Quizás por eso, a Javier Pérez Blanco le impresionó tanto que su jefe, Miguel Ángel Leal, le pidiese que diera prioridad al cuidado de su padre, gravemente enfermo, frente a sus obligaciones en la empresa.   

Miguel Ángel Leal, Ana López RanzJavier Ventura-Traveset, Jesús Luis Yu y muchos otros profesionales han confiado en el IESE para formarse como directivos en el Programa de Alta Dirección de Empresas (PADE)Además del PADE, el IESE ofrece un amplio abanico de formación ejecutiva para que desarrolles todo tu potencial como líder.  

Lee aquí el artículo Claves para ser un buen líder 

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