Skip to main content Scroll Top

¿Sacas lo mejor de las personas de tu equipo? 8 preguntas difíciles para líderes

Tienes una visión clara, sabes cómo cumplir objetivos y cuentas con un equipo capaz de alcanzarlos. Pero ¿conoces lo que mueve a las personas que trabajan contigo? ¿Les das espacio para desarrollar su talento o esperas que se adapten a tu manera de hacer las cosas? En definitiva, ¿eres un líder próximo?

La proximidad no depende del carisma ni de la capacidad de convencer a los demás, sino de crear las condiciones para que cada persona pueda crecer y contribuir a un propósito compartido. Encontrar ese equilibrio entre singularidad y pertenencia resulta especialmente difícil en un entorno laboral donde las diferencias culturales, la distancia física y las nuevas formas de trabajar ponen a prueba nuestra capacidad de conectar.

Para afrontar este reto, te proponemos ocho preguntas incómodas sobre tu forma de dirigir, organizar el trabajo y relacionarte con tu equipo. Inspiradas en el nuevo libro Proximity: How to balance belonging and difference in today’s workplace, de nuestro profesor Sebastian Reiche, estas cuestiones te ayudarán a plantearte nuevas estrategias para crear entornos donde talentos muy distintos avancen en la misma dirección sin renunciar a aquello que los hace únicos.

1. ¿Qué une realmente a mi equipo cuando sus miembros no tienen los mismos referentes culturales?

Compartir una cultura no es la única forma de generar pertenencia: un propósito común puede conectar a personas con identidades y trayectorias muy distintas. Define con tu equipo los objetivos compartidos y organiza el trabajo en torno a ellos. En las conversaciones individuales de desarrollo, explora cómo las experiencias culturales de cada profesional han influido en su forma de trabajar y en sus aspiraciones. Así podrás conectar el crecimiento individual con el proyecto global sin exigir uniformidad.

2. ¿Ante una crisis, me limito a apagar incendios o intento fortalecer a mi equipo?

Las crisis son inevitables, pero también pueden ser una oportunidad para revisar nuestras prioridades, cuestionar rutinas y reconstruir vínculos que se han debilitado. Una vez atendidas las urgencias, reconoce lo que habéis vivido juntos y dedica tiempo a recuperar el contacto con quienes hayan quedado más aislados. Facilita también que las personas reconsideren su papel en la organización mediante proyectos transversales, rotaciones temporales o nuevas responsabilidades que les permitan descubrir cómo su trabajo contribuye al de los demás.

3. ¿Utilizo mi autoridad para tener siempre la última palabra o para dar poder a los demás?

La jerarquía formal no siempre va acompañada del conocimiento necesario para tomar las mejores decisiones. De hecho, los líderes que saben reconocer la experiencia de sus colaboradores y cederles influencia pueden ganar credibilidad y mejorar sus resultados. Identifica en qué asuntos otras personas tienen más criterio que tú y deja que sus recomendaciones orienten las decisiones, incluso cuando contradigan tus preferencias. Trabaja codo con codo con ellas, involúcralas en responsabilidades importantes y adapta tu estilo de liderazgo a lo que exige cada contexto. Dar poder a los demás no significa perder autoridad, sino aprender a ejercerla de otra manera.

4. ¿Qué estoy haciendo para acercar a las personas que trabajan a distancia?

Estar conectados digitalmente no significa trabajar realmente juntos. Las diferencias de idioma, ubicación y formas de organizarse pueden levantar barreras invisibles y fragmentar un grupo. Identifica dónde están surgiendo esas divisiones y establece reglas claras sobre canales de comunicación, disponibilidad y procedimientos comunes. Alterna las horas de las reuniones para repartir los inconvenientes entre quienes trabajan en distintos husos y fomenta la colaboración directa entre áreas o países mediante parejas de trabajo o pequeños proyectos conjuntos.

5. ¿Estoy encerrando el talento en equipos que nunca cambian?

¿Te imaginas una banda con decenas de músicos que se turnan para subir al escenario? Existe, se llama Snarky Puppy y ha ganado cinco premios Grammy. Su éxito demuestra que un grupo puede mantener su identidad sin contar siempre con los mismos integrantes. ¿Por qué no trasladar esa flexibilidad a tu organización? Revisa qué proyectos se beneficiarían de incorporar temporalmente a especialistas de otras áreas, proveedores o colaboradores externos. Promueve rotaciones breves y permite que los profesionales participen en distintas iniciativas, sin perder de vista los objetivos compartidos ni las responsabilidades de cada uno.

6. ¿Cuántas buenas decisiones se pierden esperando mi autorización?

Para que las personas puedan actuar con iniciativa, necesitan saber qué decisiones les corresponden, qué resultados se esperan de ellas y cómo se evaluará su trabajo. Revisa qué validaciones siguen pasando por tu mesa sin aportar valor y traslada esas competencias a quienes están más cerca de los problemas. Establece metas transparentes, indicadores compartidos y mecanismos ágiles para detectar desviaciones y corregir el rumbo. Asegúrate también de que los incentivos premien la responsabilidad y la colaboración, no la obediencia. La autonomía no se concede de palabra: se construye con reglas que permiten decidir sin pedir permiso a cada paso.

7. ¿Necesito ver a mis empleados para confiar en que están trabajando?

La presencialidad debería funcionar como un regulador de intensidad, no como un interruptor que solo admite encendido o apagado. En lugar de imponer un número fijo de días en la oficina, aumenta el tiempo compartido cuando aporte valor: para integrar a quienes acaban de incorporarse, facilitar el aprendizaje, resolver conflictos o abordar proyectos complejos. Redúcelo cuando convenga favorecer la concentración, la autonomía y la conciliación. Evalúa los resultados, no las horas a la vista, y revisa si tus políticas permiten acceder a oportunidades de desarrollo sin penalizar a quienes trabajan en remoto. La flexibilidad debe ayudar a las personas a trabajar mejor y a seguir sintiéndose parte de la organización.

8. ¿Cómo espero que mis trabajadores impulsen un cambio que he diseñado sin ellos?

Una transformación profunda no se consigue anunciando un nuevo rumbo y esperando que todos lo sigan. La incertidumbre, el miedo a perder relevancia o la resistencia a abandonar lo conocido forman parte del proceso. En lugar de ignorar esas emociones, crea espacios donde puedan expresarse y ofrece apoyo a quienes más lo necesiten. Constituye equipos de integración con representantes de las distintas áreas, involucra a profesionales clave en el diseño de las nuevas formas de trabajar y establece objetivos que trasciendan los intereses particulares. Haz visibles los primeros avances y celebra los logros conjuntos. El verdadero éxito de una transformación consiste en llegar a un destino distinto sin dejarse a nadie por el camino.

 

Como recuerda Reiche, la proximidad no pretende evitar o superar las diferencias, sino crear las condiciones para que su encuentro genere aprendizaje, colaboración y nuevas formas de entendernos en una sociedad cada vez más fragmentada. Y todo empieza por nuestra forma de liderar. Después de estas ocho preguntas, queda una más: ¿hasta qué punto sabes equilibrar la pertenencia y la singularidad, sin favorecer una a costa de la otra? Puedes comprobarlo con este test de liderazgo que el autor ha desarrollado a partir de su investigación.

Entradas relacionadas