Cuatro de cada diez expatriados creen que habrían sufrido consecuencias negativas si no hubieran aceptado el traslado

06/10/2009

Empresas y profesionales consideran la experiencia internacional un valor añadido para promocionar; la mayoría dicen estar convencidos de que les facilitará su carrera profesional y lo ven como un reconocimiento a su trayectoria y valía; sin embargo, cuatro de cada diez expatriados creen también que si no hubieran aceptado el traslado habrían sufrido consecuencias negativas. Así se pone de manifiesto en el informe elaborado conjuntamente por Ernst & Young Abogados y el IESE titulado "El proceso de expatriación en empresas multinacionales: visión del expatriado".

El estudio trata de analizar desde el punto de vista de los profesionales trasladados las distintas fases del proceso de expatriación (selección, comunicación, gestión, retribución, expectativas, adaptación desarrollo profesional y repatriación) con el objetivo de dar a las compañías una visión distinta que les ayude a mejorar la gestión de la movilidad internacional. Una política que se hace especialmente complicada en momentos de crisis como los actuales, en los que también se observa, sin embargo, que la crisis en España ha potenciado que muchos profesionales se muestren dispuestos a trabajar en el extranjero, y que muchas empresas busquen nuevos nichos de negocio en otras zonas geográficas.

La repatriación, el principal fleco pendiente

Los profesionales encuestados dicen estar convencidos de que la expatriación les facilitará la promoción profesional, aunque destacan que a la vuelta ven más oportunidades fuera de la empresa que en su propia compañía. Una valoración que contrasta con el hecho de que sólo el 20,1% cambió de empresa frente al 67,8% que continuó su carrera profesional en la misma compañía.

En este sentido, el estudio pone de manifiesto que la vuelta es aún el principal fleco pendiente para las compañías dentro de los planes de expatriación. De hecho, el 87,2% de los profesionales consultados está de acuerdo en que fijar las expectativas claras y realistas con respecto a los progresos de carrera y los beneficios posteriores a la misión internacional, así como una clara política de repatriación, es un aspecto muy importante en el proceso. De hecho, del total de la muestra, el 35,1% otorga la máxima importancia a ese factor.

Aun así, los repatriados valoran positivamente el proceso al considerar que ha valido la pena desde distintos ámbitos: desarrollo profesional y experiencia adquirida (93,3%), aprendizaje (83,9%) y mejora económica (78,9%), valores que coinciden con los aspectos que consideran más decisivos a la hora de tomar la decisión de aceptar la propuesta de la empresa. Asimismo, creen que los conocimientos técnicos y la consideración de carrera profesional son los puntos más valorados por las empresas para ser seleccionados.

La comunicación y la planificación previa también son relevantes en un proceso de este tipo. De hecho, el expatriado se queja de una falta de preocupación por parte de la empresa en aspectos previos a la expatriación, tales como facilitar la suficiente información del país de destino (51%) o prever aspectos que pueden repercutir directamente en la adaptación familiar como, por ejemplo, los colegios de los hijos, las relaciones sociales, los trámites de la Seguridad Social, etc. o, incluso, facilitar trabajo al cónyuge (27,1%).

El 14,7% de los expatriados señala que no mantiene una comunicación fluida y constante con su empresa y el 13,9% manifiesta que las empresas no cuidan adecuadamente la gestión de expatriados.

Los pluses de expatriación

El factor económico es el tercer aspecto más valorado por los expatriados por detrás del desarrollo profesional y el aprendizaje. Por lo general, conlleva un importante aumento salarial dado que a la retribución fija y variable se suman los pluses de expatriación y los beneficios sociales.

La prima de expatriación pretende recompensar a los profesionales por el cambio de puesto de trabajo y por la movilidad geográfica, con todo lo que ello implica, es decir, la búsqueda de un nuevo entorno para vivir o los problemas psicológicos que un traslado puede ocasionar a la esposa o el marido y los hijos, la posible pérdida del trabajo de la pareja, el nuevo colegio de los niños, el idioma, etc. La prima de expatriación se determina, entre otras cosas, en función de las áreas geográficas, culturales, lingüísticas, políticas, económicas y sanitarias que existan en el país de origen y de destino. Si el país al que se trasladan es peligroso se suma el plus de peligrosidad lo que amplía la retribución total.

Otro aspecto clave es el asesoramiento fiscal al tener un tratamiento especial que puede incidir en la negociación de los salarios. En este sentido, el 87% de los encuestados cuenta con asesoramiento fiscal especializado facilitado por la propia empresa y el 54% están acogidos a una política de ecualización fiscal que, a grandes rasgos, consiste en asegurar al expatriado que su carga fiscal (derivada en la mayoría de los casos de los rendimientos del trabajo) no será mayor ni menor de la que habría soportado en su país de origen, durante los años que dure la expatriación.

Además, el profesional cuenta con beneficios sociales muy valorados como son -por orden de relevancia- el seguro médico internacional, el alquiler o adquisición de vivienda, el transporte de bienes personales, viajes anuales al país de origen, vehículo privado y el colegio de los hijos.

Las empresas, aprobadas pero...

En definitiva, mientras que el 21,6% confiesa estar arrepentido de haber aceptado la expatriación, el 75% de los encuestados sostiene que las empresas cuidan adecuadamente la gestión de los expatriados y una gran mayoría coincide en valorar positivamente la experiencia como un paso más para la promoción y desarrollo profesional, lo que demuestra que el proceso de expatriación supone un trampolín tanto dentro como fuera de la empresa.