Lecciones de un protagonista de la caída del Muro de Berlín

Lech Walesa anima a soñar para impulsar grandes cambios

07/11/2014

Berlin Wall

25 años después de la caída del Muro de Berlín, Lech Walesa hace un llamamiento para que Europa reflexione sobre las lecciones del pasado con vistas a un futuro mejor / Foto: Wikimedia Commons

A punto de cumplirse el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín, el ex presidente polaco y premio Nobel de la Paz Lech Walesa reflexionaba en la revista IESE Insight sobre lo aprendido durante sus años de activismo político y sobre la capacidad de los líderes de impulsar el cambio. A continuación reproducimos su artículo.

"Encajonados entre Rusia y Alemania, dos potencias con frecuencia en guerra, los polacos aprendimos a mantenernos alerta para divisar cualquier oportunidad o amenaza que asomara en el horizonte. Nunca aceptamos el statu quo. Stalin solía decir que el régimen comunista le sentaba a Polonia como una silla de montar a un cerdo, y no descansamos hasta quitárnosla de encima. Lo que somos se lo debemos a esa realidad histórica.

Hoy el mundo se enfrenta a otras realidades. La crisis financiera global ha sacudido los cimientos de nuestros bancos y empresas, países y comunidades, además de sembrar dudas sobre la integración europea. Desesperada, mucha gente se lleva las manos a la cabeza y exclama que no hay ninguna posibilidad de cambiar el orden de cosas. Francamente, eso ya lo he oído antes. En Polonia teníamos cientos de miles de soldados soviéticos y nos rodeaba otro millón, más las armas atómicas. La gente creía que solo una guerra nuclear total erradicaría el comunismo. Y mire lo que pasó.

¿Cómo es posible que todo el mundo predijera el futuro de una manera tan errónea? Probablemente porque nos fijamos en lo que no debíamos: tanques, misiles, tropas. Hoy hacemos otro tanto, insistiendo en lo negativo y no en lo positivo. Pero el fracaso no debería desanimarnos. ¿Se acuerda de las reformas de la perestroika y la glasnost? Se introdujeron para apuntalar el comunismo, pero al final no hicieron más que acelerar su caída. El éxito puede surgir incluso de los fracasos más ostensibles.

¿Cuál debería ser hoy nuestro mensaje? Estas son algunas de las lecciones que he aprendido a lo largo de mis cincuenta años de activismo.

Primero, piense en lo mucho que hemos avanzado. Sigue habiendo división en el mundo, pero hemos eliminado una muy importante: la existente entre comunismo y capitalismo. Me divierte ver a todos esos manifestantes antiglobalización que usan teléfonos móviles, icono de la globalización donde los haya. Los dispositivos y la información ya no se pueden limitar a un país pequeño. La gente hará uso de todo aquello que le sirva. Por eso, si desmanteláramos el capitalismo hoy, la globalización y la Unión Europea, mañana empezaríamos a reconstruirlos. Sabemos lo que es disfrutar de la prosperidad, la paz y el bienestar y no estamos preparados para renunciar a ello.

Eso no quiere decir que el sistema capitalista sea perfecto. No veo que nadie abogue seriamente por la supresión de la propiedad privada y el libre mercado, pero me pregunto si las estructuras actuales son las más indicadas para el futuro. Hemos de abordar, con calma, el debate sobre qué hay que corregir en el sistema para hacerlo más sostenible.

Entre esas mejoras no debe faltar otro debate, el de los valores. Puedo dar fe de que son más fuertes que los tanques, los misiles o el dinero. Tratemos de consensuar un conjunto de valores que rijan nuestras vidas, empresas e instituciones. Debemos alentar a las personas que demuestren tenerlos, tanto en política como en economía. La gente no protesta contra la democracia en sí, sino contra los políticos que engañan y roban.

A nuestro favor tenemos una tecnología capaz de propiciar el cambio. ¿Y si implantáramos a los políticos un chip que registrara todos y cada uno de sus movimientos? Es broma. En cualquier caso, contamos con los medios para que la política y nuestra vida sean más transparentes y cambien a mejor.

Independientemente de si opta por impulsar el cambio desde dentro o desde fuera del sistema, tiene que estar preparado para cambiar usted mismo en el camino. Con los años, yo perdí popularidad. Sabía, por ejemplo, que librarnos de la Unión Soviética perjudicaría nuestros astilleros, pero era un precio que merecía la pena pagar. Habrá ocasiones en que la decisión correcta le pase factura.

Esa es la razón por la que hay que tener altura de miras. Antes nos podíamos permitir pensar en nuestros intereses sin preocuparnos por los del vecino, ya que las crisis se circunscribían a un único país. La crisis financiera global –no hay mal que por bien no venga– ha puesto fin a esa mentalidad. Nos hemos dado cuenta de que el bienestar de nuestro vecino está estrechamente ligado al nuestro.

Le invito a que, en lugar de lamentarse por cómo está el mundo, amplíe su visión. Comprométase con el cambio. Y no deje que nadie le diga nunca que es una quimera."


Este artículo fue publicado en el último número de la revista IESE Insight.