Una visión más amplia para combatir la pobreza energética

Inaugurada la Cátedra Fuel Freedom de Energía y Desarrollo Social

06/05/2016 Barcelona

Ahmad Rahnema

Ahmad Rahnema: “En el África subsahariana el problema energético amenaza seriamente su potencial de crecimiento.” / Fotografía: Edu Ferrer

Yossie Hollander, fundador de la Fuel Freedom Foundation, emplazó a buscar soluciones para hacer frente a la pobreza energética: soluciones creativas –pues “cuando cambias de punto de vista, todo cambia”–, desarrolladas con la población local, limpias y –¿por qué no?– incluso rentables.

Hollander presentó recientemente la nueva Cátedra Fuel Freedom de Energía y Desarrollo Social del IESE en el campus de Barcelona, junto con el titular de la Cátedra, el profesor Ahmad Rahnema, y el director general del IESE, Jordi Canals. Para hacer frente a la pobreza energética, Hollander propone un enfoque multinivel, innovador y centrado en África.


¿Por qué África?

Rahnema señaló que los países del África subsahariana tienen los mayores índices de pobreza energética del mundo. Unos 600 millones de personas de este continente no tienen acceso estable y asequible a la electricidad, y tampoco disponen de una fuente fiable de energía para abastecer los hogares, las escuelas ni los hospitales, afirmó.

Un problema añadido es la carga financiera que soportan los países más dependientes del petróleo: “La mayoría de países africanos genera un déficit comercial importante”, explicó Hollander. En muchos países subsaharianos el conjunto de su exportación resulta significativamente menor que su importación de petróleo. ¿Cómo van a avanzar en el desarrollo con este lastre?

El energético es el principal obstáculo para que el África subsahariana desarrolle su potencial de crecimiento y se equipare al resto del mundo.


¿Dónde están las oportunidades?

“La Cátedra Fuel Freedom de Energía y Desarrollo Social impulsará una comprensión profunda de las disfunciones e ineficiencias del mercado, y potenciará las vías que contribuyan a resolver la pobreza energética de forma sostenible y rentable”, afirmó Rahnema.

En particular se centrará en las áreas energéticas clave para el desarrollo humano como la electricidad, el transporte, los fertilizantes y la preparación de alimentos en la cocina del hogar.

“En el África subsahariana existen un gran número de problemas que no se dan en otras regiones”, señaló Hollander. Por ejemplo, el acceso a la energía necesaria para preparar la comida, así como su coste. La leña, el carbón y otras soluciones energéticas para cocinar suponen entre el 10 y el 40 por ciento del ingreso diario medio. Y precisamente el combustible que proporciona la biomasa –tan extendido– ha demostrado su vinculación con una serie de enfermedades respiratorias, puesto que en zonas rurales y urbanas pobres difícilmente pueden aplicarse las buenas prácticas de combustión. En estos ámbitos, resolver las necesidades básicas resulta especialmente complicado.

“El suministro de electricidad permanente y fiable en los hogares es clave para el desarrollo del África subsahariana, pero la necesidad diaria de cocinar –es decir, de alimentarse– es una prioridad mucho más apremiante para las familias”, apuntó Hollander.

El análisis de estos retos y de las disfuncionalidades del mercado permitirá descubrir las oportunidades para los emprendedores, explicó Rahnema. Aunque desde la Cátedra el objetivo sea mucho más ambicioso, pues persigue una comprensión profunda de las dinámicas del mercado local y de los retos que presenta.

“Se pueden descubrir numerosas soluciones prácticas escuchando a la población local –señalaba Rahnema–. Y al comprender la dinámica de los negocios locales, surgirán estrategias alternativas viables”.

También nos encontramos obstáculos importantes en la financiación y en la inversión en soluciones energéticas: marcos legales inadecuados, problemas de infraestructuras, problemas de corrupción y “un marco normativo en constante cambio”.


Una visión más amplia de los retos y soluciones

Ante este difícil entorno, Rahnema y Hollander subrayaron cuatro factores clave que permiten impulsar con éxito soluciones energéticas en países en desarrollo:

• Pensamiento flexible. Para trabajar en mercados emergentes es necesario adaptar nuestro “modelo”, señaló Hollander. “Las sociedades de esos países son diferentes a la nuestra y trabajamos para ellas.” Existen soluciones innovadoras para la electricidad: “Soluciones limpias, más baratas, más seguras, pero resulta que no somos conscientes.” Por ejemplo, puede importarse etanol muy barato de los países que tienen exceso, como Catar. Rahnema explicó por qué no se usaba el etanol en Kenia como alternativa al queroseno y al diésel –mucho más nocivos para la salud: el etanol estaba fuertemente gravado con impuestos, mientras los otros combustibles estaban subvencionados. El problema no era de abastecimiento, sino de regulación.

• Establecer alianzas locales. “La historia nos enseña una y otra vez que todos los intentos de resolver desde el exterior los déficits de energía e infraestructuras en África fracasan”, reivindicó Hollander. La clave del éxito para los objetivos de esta Cátedra consiste en trabajar con entidades locales. Y por esto “una de las primeras actuaciones que hicimos –aseguró Rahnema– fue consultar a los reguladores, a las instituciones privadas y particulares de la comunidad local, para buscar soluciones innovadoras a los principales retos que tenemos allí”. Un ejemplo de éxito de la colaboración con un grupo local esencial se dio en Kenia, donde se consiguió la desgravación fiscal del etanol gracias al trabajo con los principales actores tanto públicos como privados.

• Escalar estratégicamente. Para evitar el exceso de pruebas y ensayos o “experimentitis” Hollander destacó la importancia de centrar el objetivo, de afinar, con visión para extender posteriormente las fórmulas con éxito mediante inversores privados y adaptadas a las ideas locales. “Un pequeño número de familias y de países son los que impulsan el desarrollo de todos. ‘El éxito llama al éxito’, y no vendrá de una pequeña aldea del Sur de Kenia, sino de las personas y entidades con capacidad de inversión.” Hollander apuntó también que existen oportunidades tanto para empresas privadas de gran tamaño como para las pequeñas y medianas.

• Asentar los cimientos en la educación. Dos líneas de acción prioritarias son reunir información sobre el terreno y aumentar el nivel de sensibilización social. “Podemos impulsar y elevar el nivel de educación –afirmó Hollander–; en cambio, experimentar con un modelo occidental o forzar su adopción puede resultar peligroso y un gasto inútil”. El profesor Rahnema señaló la necesidad de aprender de los casos de éxito de inversión extranjera en educación. “Una de las tareas clave de la Cátedra consiste en profundizar en este conocimiento y transmitirlo”, aseguró.


Un enfoque integral

Jordi Canals aplaudió el trabajo de las Cátedras y destacó su impacto social, muy ligado a la misión del IESE. Además, resaltó el “incalculable efecto multiplicador” de los empresarios y directivos graduados del IESE y de sus escuelas asociadas, entre las que se encuentran tres escuelas africanas.

Canals expresó el deseo de que su contribución continúe reflejando un enfoque integral de la empresa, que va más allá de lo “meramente funcional”. Este enfoque holístico para resolver los problemas y retos de la sociedad –como los que afrontan las Cátedras– se encuentra “en el núcleo, en el corazón de la misión de esta escuela”, concluyó.