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Más allá del beneficio económico

La conferencia Doing Good Doing Well 2020 pone el foco en la sostenibilidad y el propósito

Billy Nauman, periodista del Financial Times, habló durante la conferencia Doing Good Doing Well. Foto: Roger Rovira

5 de marzo de 2020

Impulsados por la emergencia climática y la desigualdad global, los llamamientos al cambio obligan a todos, empresas y ciudadanos, a buscar otra forma de hacer negocios y ganar dinero.

Esta ha sido una de las conclusiones de la XVII conferencia Doing Good Doing Well del IESE, celebrada esta semana en el campus del Barcelona. El evento, que organizan los alumnos del MBA, ha contado este año con los discursos de miembros de B Lab Spain, el Foro Económico Mundial y el Financial Times, y los debates han girado en torno a los residuos plásticos, la economía circular y las nuevas soluciones de transporte. Asimismo, ha habido sesiones dedicadas a la inversión de impacto y a las finanzas sostenibles.

A lo largo de la conferencia, los ponentes han destacado el cambio de actitud que está surgiendo en la sociedad respecto a las empresas y al dinero. Además, han subrayado que el cambio climático y el fracaso de los modelos económicos actuales han puesto de manifiesto entre la opinión pública la necesidad de actuar.

“Debemos crear en los próximos años un sistema económico que cure a nuestras sociedades malheridas”, ha afirmado Silvio Dulinsky, miembro del comité ejecutivo del Foro Económico Mundial.

Redefinición del dinero

Billy Nauman, del Financial Times, ha comparado el énfasis en los criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG) con la consideración que la tecnología tuvo en su día en el mundo empresarial: “En los años ochenta y noventa, la tecnología estaba aislada. Ahora lo es todo. Y es ahí hacia donde va la sostenibilidad. No se puede hablar de empresas sin hablar de clima y sostenibilidad”.

Los tiempos están cambiando allí donde tradicionalmente se ha visto el dinero como algo amoral. Nauman también ha mencionado la decisión de la asociación estadounidense Business Roundtable de cambiar su postura sobre la primacía del accionista: “Han dejado de lado el mantra del accionista. Ya no se trata solamente de los beneficios. Las empresas van a tener que pensar en los grupos de interés, es decir, el medio ambiente, la sociedad, etc. La visión tradicional del dinero y la inversión ya no funciona en el mundo de la empresa actual”.

Xavi Ginesta, presidente del grupo Voxel y director de la Fundación Capitalismo Consciente, también ha abordado la nueva visión del dinero como un medio necesario, no como un fin en sí mismo: “En esencia, el capitalismo consciente consiste en inyectar conciencia en las empresas. Y eso se consigue inyectando propósito. Cuando piensas en la empresa como una entidad con un propósito superior, de repente las cosas cambian”.

“Esa nueva brújula es el propósito”, ha coincidido Raimon Puigjaner, presidente de la Fundación B Lab Spain. “El propósito nos lleva a trascender los beneficios”.

La presión para hacer el bien

Enrique Alvarado, gestor de fondos de Bamboo Capital Partners, ha destacado el papel que ha jugado la demografía en el cambio de la mentalidad empresarial: “Los millennials tienen otra forma de pensar. Ven la vida de otra manera. Los baby boomers se dedicaron a crear riqueza y crecer. A los millennials les interesa más vivir el presente. Y esto está transformando la inversión. Se está pasando de invertir para crear riqueza a hacerlo por una buena causa”.

Nauman ha ilustrado la influencia de este cambio demográfico con un gráfico que muestra que aproximadamente el 50% de los consumidores de 18 a 34 años han dejado de comprar los productos de empresas de alimentación y bebidas tras descubrir que no son ambientalmente responsables. Ante esta nueva realidad, ha afirmado: “Las empresas han de abrir los ojos. Ya no se pueden separar los beneficios de los criterios ASG. El aumento de los beneficios depende explícitamente de la responsabilidad ambiental”.

Además de la presión indirecta de los consumidores, los activistas apuntan a la responsabilidad de las gestoras de activos y los fondos de inversión. “Ya no solo protestan contra las empresas que construyen los oleoductos, por ejemplo. También van a por las que los financian”, ha advertido Nauman. Existe una oportunidad para los ASG, pero también esa presión adicional.

Según Fernando de Roda, cofundador y socio director de Greenward Partners, los inversores son la principal fuerza motriz de este cambio. Las empresas están poniendo de su parte y algunas asumen el liderazgo. Por ejemplo, Amazon se ha comprometido a ser neutra en carbono en 2040. “Si una compañía tan grande como esta puede hacerlo, ¿por qué no las demás? Los inversores quieren conocer los objetivos de las empresas y qué medidas toman año tras año para alcanzarlos”, ha explicado.

La importancia de la acción individual

Al margen de las gestoras de activos y los fondos de inversión, ¿cómo podemos los demás aportar nuestro granito de arena? Sebastian Waldburg, cofundador y socio director de SI Capital, ha animado a la audiencia a decirles a los directores de las oficinas bancarias y a los gestores de fondos de pensiones: “Ahí es donde deberías invertir”. Y es que “de nosotros depende que se conozca nuestra postura. Aunque no tengamos mucho dinero, transmitir ese mensaje es importante”.

Alvarado ha insistido en que la inversión de impacto no solo implica poner dinero: “Todos debemos asumir el riesgo de invertir. Aunque no tengamos ahorros. La inversión no va solo de riqueza, también de tiempo, contactos, energía… Esos aspectos cuentan, y mucho”.

Según Randall Krantz, confundador del Responsible Business Club mientras cursaba el MBA del IESE, “todos podemos ser activistas en el trabajo, ya sea como accionistas, empleados o profesionales. También en nuestra vida personal, votando, siendo optimistas sobre la posibilidad del cambio y comprometiéndonos a pasar a la acción”.

“Sé un activista no solo en tu tiempo libre, también en tu lugar de trabajo y en tu vida. Y tómatelo como algo en lo que crees profundamente”.