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¿Transformará la IA generativa la deslocalización del trabajo del conocimiento?
La externalización de los servicios rutinarios hacia las economías emergentes podría revertirse en función de cómo evolucione la IA generativa.
Durante la globalización y revolución de las TIC de los años ochenta y noventa, el trabajo del conocimiento se escindió en dos bloques: las economías avanzadas se especializaron en servicios complejos de resolución de problemas, mientras que las emergentes asumieron las tareas rutinarias. El ejemplo clásico son las multinacionales que trasladaron sus centros de atención telefónica a países con mano de obra angloparlante y de bajo coste, como India y Filipinas, mientras los laboratorios de I+D y las divisiones comerciales de mayor valor añadido permanecían en Estados Unidos.
El despliegue de la inteligencia artificial generativa podría revertir esa división del trabajo consolidada durante décadas y modificar los flujos de importación y exportación de servicios, una parte cada vez más relevante del comercio mundial. Pero ¿sucederá realmente? ¿O la IA reforzará los patrones comerciales existentes? ¿De qué dependerá una cosa u otra?
Resolución de problemas frente a tareas rutinarias
El impacto de la IA en el comercio internacional dependerá de su capacidad para resolver problemas, que depende a su vez de la potencia de cálculo. Aquí hay un factor decisivo: la infraestructura que la sostiene, como los centros de datos, se concentra en las economías avanzadas, en particular Estados Unidos, que ejerce un control casi exclusivo sobre dicha potencia.
Si los agentes de IA solo alcanzan conocimientos básicos, equivalentes a los de un trabajador humano sin IA, las economías emergentes podrán sumarlos como fuerza laboral adicional, mientras sus empleados más capaces y mejor formados pasan a asumir funciones más complejas de resolución de problemas. Estas economías dejarían de depender tanto del trabajo rutinario del conocimiento y, si el cambio fuera lo bastante profundo, podrían incluso convertirse en exportadoras de servicios avanzados de resolución de problemas. Los patrones comerciales previos a la IA quedarían entonces invertidos.
Si, por el contrario, los agentes de IA alcanzan el nivel de los empleados más cualificados anteriores a su irrupción, las economías avanzadas reforzarán su especialización en problemas complejos. La oferta de quienes los resuelven −humanos y artificiales− crecería en los países que controlan la infraestructura computacional necesaria. Ese mayor número de expertos dispararía, a su vez, la demanda de trabajo rutinario en las economías emergentes. Los patrones comerciales actuales saldrían reforzados.
El reflejo internacional de una dinámica interna
Estas posibles tendencias internacionales se basan en un fenómeno que ya se ha observado dentro de las organizaciones: el impacto de la IA sobre los empleados sénior y júnior.
Las primeras investigaciones sugerían que la IA generativa beneficiaría sobre todo a los trabajadores júnior, al hacer de asistente y estrechar la brecha de conocimiento entre ellos y sus jefes. Desde esta perspectiva, la IA potenciaba el trabajo de los noveles.
Sin embargo, conforme la IA gane autonomía, podría ocurrir lo contrario: los trabajadores con menos conocimientos quedarían sustituidos, mientras los más cualificados seguirían ganando, al combinar su experiencia con herramientas cada vez más sofisticadas.
El factor decisivo es la autonomía, la posibilidad de asignar a un agente de IA tareas de horas, días o incluso semanas y dejar que las resuelva por su cuenta, como haría un empleado competente.
Con una IA autónoma, los trabajadores más cualificados se concentrarán en la resolución de problemas especializados y emplearán la IA como un agente autónomo. Los menos cualificados, en cambio, podrían quedar fuera del mercado o, si conservan el puesto, acabar a las órdenes de los peores directivos, porque los mejores ya estarán recurriendo a agentes de IA.
+INFO:
“The impact of AI on global knowledge work”, de Enrique Ide y Eduard Talamàs, publicado en Journal of Monetary Economics (2026).
“Artificial intelligence in the knowledge economy”, de Enrique Ide y Eduard Talamàs, publicado en Journal of Political Economy (2025). Este paper recibió el Premio a la Excelencia Investigadora 2025, que concede la Asociación de Alumni del IESE.
Una versión de este artículo aparece en la publicación anual Insight for Global Leaders, nº. 2 (2026).
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