Noticias

Los puntos débiles de la lucha contra el cambio climático

El 17 Energy busca en Madrid soluciones a los obstáculos políticos, científicos y empresariales

Ana Palacio 17 Energy

La ex ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, en el 17 Energy. FOTO: JAVIER ARIAS

21 de febrero de 2020

En la lucha contra el calentamiento global están claros los objetivos que buscamos, pero no tanto cuáles son los medios para alcanzarlos.

En un contexto en el que la Comisión Europea ha fijado como gran prioridad el Pacto Verde y la reducción drástica de emisiones para 2030 y 2050, expertos de diversas instituciones se han reunido esta semana en el campus del IESE en Madrid con motivo del 17 Energy Industry Meeting, un evento en el que han aflorado cuatro principales puntos débiles de la nueva estrategia comunitaria en materia de sostenibilidad.

Bajo la dirección académica del profesor del IESE Juan Luis López Cardenete, participaron, entre otros, Valvanera Ulargui, directora general de la Oficina Española de Cambio Climático; Riccardo Puliti, director global de energía e industrias extractivas del Banco Mundial; Carlos Sallé, director de política energética y cambio climático de Iberdrola; Ana Palacio, ex ministra de Asuntos Exteriores, académica de la Georgetown University  y consejera de Enagás; Francisco Rodríguez López, director general de generación y asuntos regulatorios de Viesgo; y Ana Quelhas, responsable de planificación energética de EDP Renováveis.

El primer punto débil, según Quelhas, es que “todavía no sabemos cómo se van a alcanzar los objetivos de emisiones”. Dicho de otro modo, apuntó la directiva, las empresas necesitan mucha más concreción sobre los instrumentos políticos que se van a utilizar. Si no les dan ya todos los detalles, difícilmente podrán adaptarse a tiempo al nuevo contexto. En consecuencia, las metas que marque Bruselas o no se cumplirán o destruirán más empleos y negocios de los necesarios.

El segundo, añadió Palacio, es que “vivimos una etapa intergubernamental justo cuando necesitamos más Europa”. Así, siguió, “los estados miembros y sus intereses particulares tienen mucha más influencia en los grandes asuntos comunitarios que las instituciones y prioridades europeas”. Eso nos ha llevado, matizó, a que no se hayan puesto de acuerdo para desarrollar adecuadamente “la unión energética”. La identificación de los instrumentos específicos de la lucha contra el cambio climático exige un consenso que hoy no es fácil de forjar en la UE. 

El tercer punto débil también tiene mucho que ver con la construcción de consensos. Puliti apuntó que “el acceso a la energía en los países desarrollados y en los emergentes no tiene nada que ver”. En consecuencia, no existe un acuerdo global sobre los pasos concretos que hay que dar para reducir drásticamente la contaminación y las emisiones, preservando a la vez el derecho de muchas sociedades como las africanas a prosperar e industrializarse.

Palacio aclaró, en ese sentido, que “en Europa asumimos que los demás nos van a seguir en nuestras políticas para luchar contra el cambio climático, y yo lo dudo”. Esta incertidumbre impacta de lleno en las herramientas que quiera lanzar Bruselas, porque otros países podrían considerarlas proteccionistas y tomar represalias. Como colofón, los esfuerzos de la UE están condenados al fracaso si no la siguen los demás, porque el bloque comunitario representa, ya sin Reino Unido, menos del 9% de las emisiones mundiales de CO2.

El cuarto punto débil de la lucha comunitaria contra el calentamiento pasa por la concienciación de la población, que es quien tiene que legitimar y apoyar las medidas drásticas que intenta impulsar la UE. Varios ponentes mencionaron el reciente fracaso del presidente francés, Emmanuel Macron, en su intento de gravar el gasóleo y la gasolina con unas tasas que penalizaran sus emisiones de CO2. Los ‘chalecos amarillos’, que contaban con un apoyo notable entre la sociedad civil, consiguieron que suspendiese esos nuevos impuestos.

Además, Rodríguez López señaló que “falta alineación entre las demandas de políticas públicas exigentes con la reducción de las emisiones por parte de la población y la reacción que tienen sus miembros cuando les afectan”. Y Sallé afirmó que había que explicar más y mejor “externalidades negativas de la contaminación como la mala calidad del aire” o la forma en la que suponen la destrucción de miles de vidas humanas en todo el mundo.

Finalmente, Ulargui reconoció que la justicia social es crucial para el éxito de la transición ecológica y que, por eso mismo, “hay que poner al ciudadano en el centro. O se reparten equitativamente los esfuerzos y los beneficios, o las reformas se diluirán y no se conseguirán los objetivos a tiempo”.