¿Formar a 1,7 millones de voluntarios de Cruz Roja? Es posible

Ariel Kestens (GEMBA ‘09): “Al final, se trata de dirigir personas”

26/02/2015

Ariel Kestens

Aunque tradicionalmente las organizaciones humanitarias hayan sido reticentes a abrazar los conceptos del mundo de la empresa, “al fin y al cabo, estamos hablando de gestión”, asegura Ariel Kestens / Foto: Edu Ferrer

Existen pocas marcas tan reconocidas globalmente como la Cruz Roja. Desde hace más de 150 años, su bandera se ha asociado de forma universal a la neutralidad y a la ayuda humanitaria en situaciones de guerra, catástrofes y enfermedades.

Gestionar la misión humanitaria de la Cruz Roja no es tarea fácil. Coloso de dimensiones globales, sus operaciones abarcan dos cuerpos internacionales, 189 organismos diferenciados, 165.000 ramas locales y una impactante cifra de 1,7 millones de voluntarios.

Ariel Kestens es el director de Formación e Investigación de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja; y la verdad sea dicha, pocos trabajos son tan exigentes como el suyo.

Graduado en el programa Global Executive MBA (GEMBA ‘09) del IESE, Kestens acudió este mes al campus de la escuela en Barcelona para participar, junto a los estudiantes del MBA, en el Social Innovation and Social Entrepreneurship Project del profesor Antonino Vaccaro, un laboratorio de ideas en el que se diseñan empresas que combinan impacto social con éxito económico.

Por primera vez y en exclusiva, Kestens explicó a los alumnos las claves de los retos a los que se enfrenta al dirigir una división tan compleja —y transfronteriza— como la suya. Además, narró cómo ha aplicado las enseñanzas que en su día le proporcionó el GEMBA, y que le han servido para repensar y superar los problemas del día a día.


La magnitud del reto

Los voluntarios que trabajan en primera línea para la Cruz Roja en todo el mundo se enfrentan a un enorme desafío. Unos 85 millones de personas necesitan una respuesta post-catástrofe inmediata y otros 97 millones precisan de apoyo más a largo plazo. Si se cuenta con un presupuesto ajustado y se tienen que superar barreras lingüísticas, culturales y políticas, formar a los voluntarios para las tareas que han de realizar significa tener que lidiar con una serie de retos muy complejos.

“Obviamente, una asignación de recursos efectiva es crucial”, asegura Kestens. “Pero igual de importante es la transparencia”. Porque, aunque los donantes de la Cruz Roja entienden que la formación es necesaria, la mayoría de ellos prefieren que su dinero vaya a parar a la “causa principal, esto es, ayudar a las personas”.

“Mi objetivo es formar a los 1,7 millones de voluntarios actuales antes del año 2020 y transmitirles las siete competencias clave para que lleven a cabo sus tareas de forma eficiente”, añade Kestens.


En busca de las herramientas adecuadas

Kestens entendió rápidamente la magnitud del reto que le aguardaba, y fue en ese momento cuando volvió los ojos hacia el programa GEMBA del IESE.

“Me di cuenta de que necesitaba mejorar mis competencias en gestión y liderazgo. En ese momento, dependían de mí 1.000 trabajadores, 40 escuelas de enfermería y alrededor de 10.000 voluntarios, y sabía que podía —y que debía— hacer mucho más”.

Aunque tradicionalmente las organizaciones humanitarias hayan sido reticentes a abrazar los conceptos del mundo de la empresa, “al fin y al cabo, se trata de dirigir personas”.

“La Cruz Roja es una organización con unos valores muy próximos a los míos. Sentí que los valores de la escuela son muy cercanos tanto a los de la Cruz Roja como a los míos propios. Ése es el principal motivo por el que decidí venir al IESE”, remachó Kestens.


Aprender a innovar

El cambio nunca es fácil, y menos aún cuando ya llevas un tiempo en la organización: “en el momento en el que alcanzas un puesto en la organización que te permite realizar cambios, ya te has adaptado a la forma de pensar de la misma, y haces las cosas y afrontas los problemas a su manera. Algo que, por fuerza, te hace menos innovador”.

Su experiencia en el GEMBA le permitió dejar de lado ideas preconcebidas, dar un paso hacia adelante y obtener nuevas perspectivas que después pudo transformar en iniciativas con impacto en la Cruz Roja.

“La experiencia que te da discutir cientos de problemas empresariales con personas de todos los rincones del mundo, y de sectores muy diferentes, te ayuda a incorporar nuevas formas de hacer las cosas”, reflexiona.

Las herramientas adquiridas durante su experiencia en el IESE le ayudaron a afrontar el reto de formar a tantos voluntarios de la Cruz Roja desde perspectivas novedosas e innovadoras.

Por ejemplo, en 2011 introdujo una plataforma de e-learning (aprendizaje online) que inicialmente solo llegaba a 11.000 voluntarios, pero que hoy en día ya llega a 149.000 personas en todo el mundo.

A medida que la plataforma siga ampliándose a más voluntarios, Kestens y su equipo tendrán que desarrollar técnicas que permitan reducir la brecha digital. Un problema importante en algunas regiones remotas es la conectividad limitada. Pero ante todos los problemas y retos que vayan surgiendo, Kestens cuenta con la experiencia, las herramientas y la actitud que le permiten enfrentarse a ellos. “Porque después de todo”, concluye, “la necesidad agudiza el ingenio”.