La revolución del Internet de las cosas, en el Mobile World Congress

Javier Zamora: “En el 2020 habrá unos 20 mil millones de objetos conectados a Internet”

24/02/2016 Barcelona

Mobile World Congress

El Internet de las cosas está diluyendo la frontera entre el mundo digital y el físico / Foto: © GSMA

Estamos en el año cero del Internet de las cosas. Hay numerosas oportunidades a la vista, pero aprovecharlas requiere un reajuste de los modelos de negocio actuales. Y ello, a su vez, requiere una mentalidad digital.

“El futuro está sucediendo hoy, y está sucediendo rápido”, aseguró el profesor del IESE Javier Zamora durante una sesión el Mobile World Congress (MWC) de Barcelona. “Vivimos en un mundo donde las conexiones entre personas, empresas y cosas están aumentando exponencialmente”.

Durante la conferencia, titulada “El Internet de las cosas: diluyendo la frontera entre el mundo digital y el físico”, Zamora afirmó que las escuelas de negocio, y el IESE entre ellas, tienen un papel fundamental en ”dar sentido” a la transformación digital de aquellas empresas que puedan verse sorprendidas por el cambio.

“La magnitud y la velocidad de la transformación son tan importantes que podrían generar una de aquellas situaciones en las que los árboles no te dejan ver el bosque”, señaló Zamora. La diversidad de innovaciones que se muestran en esta edición del MWC dan fe del ímpetu de esta transformación digital global.

“Desde 2007, cuando Steve Jobs presentó el iPhone en el Mobile World Congress marcando así el inicio de una era de gente conectada, hemos visto que el fenómeno no deja de crecer. El año pasado todos hablaban del big data. Este año las palabras de moda son el 5G, el Internet de las cosas y la realidad virtual”.

Nos encontramos en un “momento singular”, aseguró Zamora. “Pronto habrá más cosas que personas conectadas a internet”. Y el retorno en términos de datos es espectacular.

“Estamos pasando de los gigabytes a los yottabytes y los brontobytes. En 2020 calculamos que habrá unos 20 mil millones de objetos conectados a Internet. Y en 2050 la cifra alcanzará los 100 mil millones”. Pero, ¿qué suponen estas cifras para los modelos de negocio?


Surgir, adaptarse o morir

Hubo una época en la que las personas y las empresas que querían reunir capital tenían pocas opciones a las que recurrir más allá de los bancos o los inversores de capital riesgo.

En el hiperconectado mundo actual, proveedores de servicios emergentes como Kickstarter están consiguiendo capital rápidamente a través de Internet.

Uber, mytaxi and Airbnb son algunos ejemplos de cómo están surgiendo nuevos modelos de negocio que crean nuevos mercados, afirmó Zamora. Y estos modelos están prosperando gracias a lo que él describe como una creciente “densidad digital” – o el porcentaje de interacciones por unidad de actividad social realizados a través de la tecnología digital–.

La tendencia para los modelos de negocio emergentes no va a parar, según el profesor, porque la densidad digital está aumentando. Se trata de buenas noticias –aunque desafiantes– para la industria.

“En otras palabras, a medida que aumenta la densidad digital se vuelven posibles cosas que antes no eran posibles, como la economía colaborativa”.

Sin embargo, como apuntó Zamora, “la transformación digital ha supuesto un imperativo real para que las industrias se replanteen sus modelos de negocio. Los headhunters, por ejemplo, han tenido que reinventar sus servicios con el auge de LinkedIn. Ahora todo consiste en que los productos estén disponibles para todos”.


De productos a servicios, y más allá

Un buen ejemplo, para Zamora, de como la creciente densidad digital está favoreciendo el cambio es el caso de la industria automovilística.

El impacto de la tecnología se dejó ver primero en el diseño de los coches y, más tarde, en los hábitos de navegación de los clientes online. Con el auge de las redes sociales y la economía colaborativa, hemos presenciado un giro hacia nuevos modelos de servicios como el car sharing (compartir vehículo). A medida que los coches son más inteligentes, entramos en la era del “coche sin conductor”. Y es que, según Zamora, lo digital nos aleja de la venta de productos para acercarnos a un modelo de negocio basado en el servicio.

“Los sensores en los motores de los aviones Rolls Royce transmiten datos de rendimiento que reducen la cifra de averías imprevistas. Se trata de un paso más hacia un servicio preventivo. Otras innovaciones, como el termostato Nest, ponen a prueba la industria energética hasta el punto de que los consumidores podrían personalizar su sistema de calefacción, y el precio que pagan por ella”. La eclosión de nuevos tipos de aplicaciones y servicios está generando, por tanto, nuevas propuestas de valor.

“La aplicación para el tráfico Waze es otro servicio digital que permite a los usuarios identificar, y así evitar, los tramos de carretera congestionados. Vemos cómo lo digital está impactando en el comportamiento físico de las personas para diluir las fronteras entre ambos. En esta nueva era, lo físico se puede programar, y esa es una propuesta de valor totalmente nueva”.

Pero captar este valor también tiene sus desafíos.


Nuevas oportunidades, nuevos retos: big data y la actitud digital

Zamora habla de las cuatro “v” asociadas al big data: volumen, veracidad, velocidad y variedad. Si les añadimos el concepto “confianza”, vemos que las compañías se enfrentan al reto de cómo tratar los datos en sus decisiones empresariales, y en las relaciones con el cliente.

“La gobernanza y la confianza están definiendo cuestiones importantes en nuestro futuro inmediato”, asegura el profesor. Como afirma Marc Benioff, de Salesforce, la digitalización también está transformando la confianza. “Tus clientes no consumirán tus productos si no confían en ti”.

Por eso es importante, en opinión de Valor, la creación de normas entorno al Internet de las cosas y un nuevo enfoque que considere los datos como una infraestructura.

“A menudo vemos a empresas que intentan replicar su experiencia analógica en digital. Pero el reto es crear servicios que tengan sentido con la nueva tecnología”. Lograr esto obliga a las empresas a adoptar una mentalidad digital, que “sea capaz de aprovechar la oportunidad”.

“En lugar de conectar un producto aislado, podemos conectar diversos componentes para crear una propuesta de valor para el futuro. Podemos programar nuestro modelo de negocio para que imagine nuevos servicios. Y podemos crear nuevas experiencias”.