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Así se propaga la desinformación en redes
Como una manzana podrida, basta un usuario poco crítico para contaminar toda la red. Educar al más vulnerable es el mejor cortafuegos.
En cualquier entorno donde se interactúa, ya sea en redes físicas reales como una organización o sociales como Facebook, los individuos suelen observar lo que hacen los demás y ajustan sus propias creencias y comportamientos en consecuencia. Es algo que ocurre aunque no interactuemos de forma directa ni simultánea.
Tras la primera victoria electoral de Trump y la pandemia de COVID-19, dos acontecimientos que pusieron la desinformación en boca de todos, el profesor del IESE Manuel Mueller-Frank decidió estudiar hasta qué punto este fenómeno se propaga a través de las redes.
Usuarios listos y vulnerables
Mediante un modelo matemático, Mueller-Frank diferenció dos tipos de grupos según su grado de sentido crítico: uno realizaba inferencias muy básicas, mientras que el otro era “más astuto”, con mayor capacidad para procesar información y comprender el entorno en su conjunto. Pero, como ocurre en las redes reales, ninguno actualizaba la información de forma perfecta.
Lo que su modelo reveló es que, si el participante con menos sentido crítico se ve expuesto a un nivel suficiente de desinformación, basta con esa sola persona para que todo el grupo acabe contaminado. Dicho de otro modo, la opinión de todos termina convergiendo en torno a la desinformación.
El pensamiento crítico actúa como cortafuegos
No todo son malas noticias. El modelo de Mueller-Frank también muestra que, si los participantes con más sentido crítico son los únicos que se ven expuestos a la desinformación, el impacto no es desmesurado. Puede haber ciertos efectos, pero su influencia en cómo el resto del grupo entiende y ve el mundo es insignificante.
El profesor extrae dos conclusiones clave de su estudio. Primera: es fundamental proteger de la desinformación al miembro más vulnerable de la red para evitar el efecto contagio. Segunda: es igual de importante educarle, para reforzar su sentido crítico al procesar la información.
De la moderación a la responsabilidad individual
Además de limitar el alcance de la desinformación, las redes sociales deben procurar que los usuarios interactúen cada vez más con quienes tienen un mayor sentido crítico. Como los actores malintencionados suelen apuntar a los usuarios con menos sentido crítico, las plataformas han de esforzarse más para evitar que la desinformación llegue a ese público objetivo y, al tiempo, educarles sobre cómo procesan la información y eleven su nivel de sentido crítico.
Ahora bien, para que las plataformas cumplan con esa aspiración, Mueller-Frank lanza esta advertencia: “El control de la desinformación otorga un enorme poder a la entidad que lo ejerce. Si dicha entidad no es altruista y tiene su propia agenda, existe el riesgo de que censure información veraz, lo que acabaría afectando drásticamente a la formación y difusión de la opinión pública”.
Por ello, el profesor insta a que todos y cada uno de nosotros, “cultivemos un sano escepticismo y un pensamiento más crítico, sin depender de lo que nos dicen los demás. Educarnos no solo implica buscar otras fuentes de información, sino pararnos a pensar en cómo procesamos lo que vemos. Esa es precisamente la lección de mi estudio: cómo procesamos la información no solo es de vital importancia para nosotros mismos, sino para todo el mundo”.
+INFO: “As strong as the weakest node: The impact of misinformation in social networks”, de Manuel Mueller-Frank, en Journal of Economic Theory (2024).
Este artículo forma parte de la revista online IESE Business School Insight núm. 172 (mayo-agosto 2026).
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